Por Ricardo RoaEstá visto que todo pudo haberse hecho mucho mejor y en mucho menos tiempo. Y que lo que eran diferencias extremas entre la Argentina y Uruguay se disolvieron en apenas una semana. Con sólo dos pasos: el gobierno de Cristina enfrentó por primera vez el corte en Gualeguaychú y el de José Mujica la acompañó.
Los asambleístas le respondieron con otro truco: cuando la Gendarmería fue a identificar el piquete sobre el puente, se encontró con que no había ningún corte. Fue evidente, de todos modos, que la ofensiva oficial había tenido efecto.
Enseguida vino la contrapartida uruguaya: prometer que habrá una inspección conjunta en Botnia. Pero no queda claro aún si esto representa un cambio real respecto de su posición anterior.
Está por verse cuál será el alcance de ese monitoreo que reclaman en Gualeguaychú. La empresa dice que no habría problemas porque desde el mismo momento en que empezó a producir, en noviembre del 2077, hay un testeo diario de las autoridades uruguayas y un laboratorio independiente de Canadá. El punto es si habrá algo más que eso y si el gobierno de Mujica lo aceptará.
Hasta ahora, menos un acercamiento en firme hubo de todo. Negociaciones en EEUU, presentaciones en organismos internacionales, una mediación del rey de España y finalmente, La Haya. Todo consumió una montaña de plata y de tiempo. Y encima, con un país que está aquí al lado. Un verdadero muestrario de diplomacia inútil.

Comentá la nota