En muchos hogares prevalece el trabajo informal y el único ingreso fijo que tienen es de planes sociales. Entre las soluciones para salir del paso: la venta ambulante, el empleo doméstico y las compras fiadas.
La calle habla. La gente de los barrios es la prueba viva de que la pobreza existe, de que es, o sigue siendo, nuestro gran flagelo.
El Tribuno recorrió 5 barrios capitalinos, en donde se les preguntó a los vecinos con cuánto dinero viven por mes en cada una de sus familias. Las respuestas de la gente hablan de un gran porcentaje de grupos familiares que deben hacer malabares, pues entre todos los integrantes no llegan a los $3.000 por mes o casos en los que no reciben más que el salario del Plan Universal por Hijo.
Los datos oficiales parecen salir de una realidad paralela. Según un informe del Indec, el ingreso mensual promedio de todas las viviendas del país es de $5.780.
Vuenaventura David, secretario general de la CTA, dijo que en Salta, como en muchas otras provincias del país, no se puede hablar del promedio que arrojó el informe del Indec.
“En nuestra provincia el trabajo estable es para la minoría de la población”, dijo David, y agregó que lo que el Instituto Nacional de Estadística y Censos llama promedio del ingreso mensual por familia es el resultado de una operación matemática que borra a los pobres. “Los promedios siempre se hacen con los extremos. Si promediamos el sueldo de un juez con el de un indigente seguramente la media será una cifra considerable”, dijo. El resultado señalará una cifra que siempre será mucho mayor al ingreso del indigente. “Acá lo cierto es que mucha gente vive con sueldos realmente bajísimos”, agregó.
“Las políticas que han establecido los gobiernos respecto a los índices responden a los intereses de la deuda externa y, mientras tanto, la deuda interna, la deuda con la gente, sigue creciendo”, concluyó.
María Cristina Bianchetti, docente y antropóloga de la Universidad Nacional de Salta, dijo que el empobrecimiento de los argentinos ha cambiado rotundamente el modo de entender y de ser de la clase media. Según Bianchetti, han cambiado las costumbres, la rutina. “Este empobrecimiento, tremendo, se refleja en la cantidad de villas miseria en las que actualmente vive tanta gente en nuestra provincia. Lo mismo se ve en el gran índice de desempleo. Ya nadie puede ahorrar y los que pertenecen a la clase media sólo viven el día a día, pateando deudas para más adelante”, describió.
Nada de proyectos. Por ahora, salir del paso parece ser la prioridad.
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