Inflación: unos la sufren menos y otros mucho más, pero existe

Por Alcadio Oña

Todo el mundo sabe que la inseguridad es, de lejos, la mayor preocupación de los argentinos. Pero lo que impresiona a un buen número de economistas es el “bajo registro” que tiene el proceso inflacionario: “Parece que sólo fuese un tema de especialistas”, dice uno de ellos. Ni tanto, ni tan poco, aunque algo de eso hay .

Previsible, la inseguridad está a la cabeza de una encuesta nacional de la consultora Management & Fit, hecha entre el 8 y el 12 de marzo. Es un dato, en cambio, que el temor a perder el trabajo ocupe el segundo lugar . Luego viene “acceso a la educación” y cuarto el “aumento de los precios”.

Suena a raro que con una inflación como la actual, así ni por asomo se parezca a las híper del pasado, el desempleo la supere en el ranking de problemas. Quizás sea un resabio de la crisis de 2001/2002.

En la provincia de Buenos Aires y el GBA la desocupación también está en el segundo puesto, pero el aumento de los precios aparece en el tercero . Tal vez resulte un punto para tomar en cuenta, dado que este puede ser el territorio en el que se dirima la elección presidencial.

Y a propósito del peso de los problemas señalados en la encuesta, podría decirse que temor a la inseguridad es tan grande que eclipsa al resto .

El especialista Ernesto Kritz, director de SEL Consultores, coincide con la percepción de los economistas respecto del relativo impacto del proceso inflacionario en la gente. Y lo explica en las mejoras salariales obtenidas por los gremios en los últimos años, que “le ganaron o empataron a la suba de los precios” Justamente, según un trabajo de SEL el sueldo horario de un obrero industrial, establecido en negociaciones paritarias, creció un 23,1 % anual promedio, entre 2007 y 2010. Contra una inflación minorista que, medida en base a índices privados, subió el 20,9 % .

Pero el poder de compra de los salarios le gana a los precios cuando es aumentado. En el interín, corre por detrás : el mismo informe dice que eso pasó en 10 de los 16 trimestres del período.

Claro está, además, que los promedios mezclan sueldos elevados con otros muy bajos. O sea, que en una toma fotográfica más detallada no todos los asalariados bajo convenios aparecerían en la misma situación: para el caso, petroleros, bancarios o camioneros respecto de mercantiles, gastronómicos o trabajadores rurales.

Existe otro espacio grande tampoco alcanzado por la muestra. Es el de los casi 4 millones de empleados en negro , marginados de las paritarias, que representan un tercio de la fuerza laboral. Más el enorme contingente que está en el servicio doméstico , los cuentapropistas sin capital propio , en estado cuasi precario y, desde ya, los desocupados .

Hay un fenómeno que agrega una explicación al cuadro completo. Es la cercanía de unos y la distancia de otros al lugar donde se toman decisiones . O la diferente capacidad de hacerse oír . Se lo vio, clarito, con los cacerolazos de los sectores medios, cuando el corralito les atrapó los plazos fijos.

Puesto en la fotografía ampliada, de un lado estarían los sindicatos, con mayor capacidad de presión y claramente la CGT próxima al Gobierno. Y del otro, los trabajadores en negro, el servicio doméstico, los cuentapropistas y los desocupados. La sensación de prosperidad podría alcanzar a unos; difícilmente a los otros.

Aun cuando luzca redundante, el diferencial está en la llegada al centro de decisiones, el poder de fuego y las posibilidades de meter ruido. ¿Qué otra cosa sino eso ocurrió con la suba del mínimo no imponible del Impuesto a las Ganancias? Para quienes no ocupan los puestos superiores de la escala salarial, fue un debate que miraron desde la tribuna. El resto, ni siquiera tenía un lugar en la tribuna.

Algo muy semejante ocurre con la inflación, especialmente en las capas donde más se la sufre. Que no hagan oír su voz no equivale a decir que está fuera de su registro de preocupaciones, sino, llanamente, que tienen poca o ninguna chance de hacerse sentir. Eso sí, retumba en los conflictos sociales recurrentes , como las tomas de terrenos y edificios.

SEL ha calculado que en el cuarto inferior de la pirámide social la desocupación ronda el 28 %, tres veces mayor a la que canta la estadística global del INDEC. Y el 16 % del empleo que existe es intermitente: ocupaciones informales de corta duración y, por lo mismo, con pérdidas de trabajo habituales.

Así en este mundo el panorama haya mejorado respecto del que había en la gran crisis, siguen vigentes serios problemas en la atención de la salud, con viviendas a veces menos que precarias y hacinamiento similares a los de 2003. Todo combinado con altísimas tasas de pobreza e indigencia . Lo dice la misma consultora que vio crecer los salarios reales de los trabajadores agremiados.

Queda claro que hay sectores en situación de pelearle al aumento de los precios, unos más, varios menos. Y otros al margen de la discusión, en extremo dependientes de los planes del Gobierno. Es lo que se conoce como fragmentación social .

En el mientras tanto, la inflación tampoco figura el radar de preocupaciones del kirchnerismo. Entre otras cosas, porque significa una enorme fuente de recursos fiscales y un modo de diluir el gasto público. Sólo que eso no puede ser para siempre, pues más pronto que tarde le pegará a la economía y a todo lo que va implícito .

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