El de Viedma presentó su libro más reciente en la sala de la Biblioteca Sarmiento y cuando culminó con su faena, el actual vecino de Villa La Angostura hizo otro tanto en la sala “Chonek” del Museo de la Patagonia. Feliz coincidencia.
El tour poético que animó el Centro Cívico arrancó minutos después de las 19 en la sala de la Biblioteca Sarmiento, que dicho sea de paso no ofrecía a simple vista refacción alguna. Allí se instaló la mesa que integraron Reis, Artola y Carolyn Riquelme. Es que la presencia del segundo en Bariloche fue posible porque el colectivo que funciona en Villa La Angostura, organizó un taller de escritura creativa bajo su coordinación. La cercanía permitió que la poeta local y su grupo El Convite, gestionara que el viedmense bordeara el lago con ejemplares de “[teclados]” bajo el brazo.
Le tocó a Reis celebrar que “en tiempos virtuales”, se produzca “la presentación de un libro de carne y hueso”. También puso de relieve la posibilidad de “contactar al autor” para indagar “cuál fue la génesis del libro” e inclusive, la chance de “escuchar un poema con su propia voz”. Además, el actual vecino de Villa La Angostura proclamó que Raúl Artola “es uno de sus autores sobre los cuales uno quiere saber más y cuando termina uno de sus libros, corre para conseguir otro y quiere saber qué más hizo”.
Exquisiteces
Por su parte, Riquelme leyó la colaboración que sobre “[teclados]”, escribió para “Patagonia literaria”, suplemento sobre libros de este diario. “La poesía de Raúl Artola es poesía exquisita. La precisión, el uso consciente y puro de las palabras es deslumbrante. La obra de Raúl es calma, madura, reflexiva. Son como soplidos de palabras que hacen que uno gire sobre sí mismo, que deba releer y releerse. Estas sensaciones provocan encantamiento, porque además se atreve al amor y a la ternura”, estableció entre otros conceptos, la poeta barilochense.
Por su parte, Artola compartió con la gente una presentación des-acartonada y bastante informal. En primera instancia, celebró que sus presentadores fueran jóvenes, “que ellos me hayan leído es un premio”, señaló. También puntualizó precisamente en materia de galardones, que después de “Crónicas de un tatami” -volumen que recibió un reconocimiento por parte de Madres de Plaza de Mayo en 2002- pensó que su labor poética había llegado al techo. “Yo no quería más nada con la poesía”. Pero la cuestión es que al tiempo, versos se fueron instalando “en cuadernitos y libretitas, casi irresponsablemente”, a tal punto que siete años después de aquella consagración, Artola decidió “ordenar los papeles” para al tiempo constatar que ya tenía entre manos otro libro.
En un tono más que coloquial, compartió que en su trabajo “persisten tendencias. Al principio, hay tranquilidad… Algunas convenciones, en algún momento se produce algo así como una borrachera y en general, terminan (sus libros) en cualquier cosa”. Inclusive bromeó con el comentario de algún crítico, quien asevera que Artola tiene “una tendencia a terminar los libros de manera anómala”, observación que admitió como válida.
“La poesía tiene muchos aliados”, concluyó Artola. “Sin aliados no se puede escribir poesía”. Precisamente, para quienes recrearon esa alianza en la sala de la Biblioteca Sarmiento leyó varios de los poemas que integran “[teclados]”, de notable factura. “De la nada que vi, de eso hablo. De las miguitas”, ilustró, en relación a la imagen que ornamenta la portada de su libro. Palabras mayores de la poesía patagónica.
Prolongar la poesía
Luego de participar de la presentación que tuvo como protagonista a Raúl Artola, Diego Reis se cruzó a la sala “Chonek” del Museo de la Patagonia para hacer otro tanto con “Lo levemente ajeno”, libro de su autoría que salió de imprenta no hace mucho. “En realidad, son dos libros”, introdujo Cecilia Fresco, también escritora y compañera en la vida del poeta. Explicó que el primero de ellos, data de una década atrás.
En este caso, Reis quiso “prolongar la poesía” más allá del papel y de sus lecturas. Para alcanzar tal cometido se valió de imágenes que proyectó a sus espaldas, del concurso de la propia Cecilia y de la participación de un guitarrista. Pero él mismo se salió del molde para tomar la encordada e interpretar música, por ejemplo, una versión de “El umbral” (Spinetta Jade) y de “Amor de primavera” (Tanguito).
Referencias a “la hora de la siesta”, a los aspectos más “queribles de la vida cotidiana”, “ritmos lentos y cadenciosos”, presencia de “luz”, de “levedad”… Algunos de los rasgos de la poesía de Reis que la intervención de Fresco destacó. A esas sensaciones, a esas atmósferas, condujeron la palabra, la música y las imágenes de las cuales se valió Reis para dar a conocer su obra entre nosotros. Era su idea: “ver hasta dónde nos lleva la poesía”. Hasta una ajena levedad, en primera instancia.
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