Tapan las rampas para discapacitados, gritan, se pelean y dejan fruta podrida en las veredas del microcentro.
“Estamos cansados de llamar al 0800 y al 4373354 de la Dirección de Control y nunca atiende el responsable. Siempre atiende una señorita que dice que le va a pasar el mensaje, pero se nota que no lo hace o se pasan nuestras quejas por ya sabe dónde”, dijeron enojadísimos.
Las calles más complicadas o con más conflictos, parecen ser San Martín entre Pellegrini e Ituzaingó, 20 de Febrero y Caseros, y también Urquiza e Ituzaingó. “Donde se paran los carros todo queda una mugre. Hicimos miles de llamadas que nunca responden. Son una verdadera trampa de gente que es robada en nuestras narices y, si bien no estamos en contra del trabajo, sí estamos en contra del desorden y la inseguridad”, aclararon.
Justamente, las calles en cuestión son muy transitadas y las veredas muy angostas. Ese escenario es compartido cotidianamente por cientos de transeúntes y comercios con sus vidrieras prácticamente tapadas por los fruteros. Uno de los vecinos se quejó: “El otro día tuve problemas con un carrero que lo reconozco muy bien porque tiene tonada porteña y me dijo que ahí lo ubicó la Municipalidad y resulta que es la vereda de mi casa, soy frentista de esa vereda que siempre está llena de gente desconocida, son muy atrevidos, uno ni se anima a reclamarles nada, ni siquiera que no dejen fruta en descomposición en mi vereda”.
Otro vecino comerciante contó que “un lunes, de hace como un mes, hubo un operativo y sacaron a todos los carreros y nos sentimos aliviados, pero ahora tienen que venir a ver porque son como 25 carros y se putean, se pelean, son muy ordinarios y atrevidos, dejan todo sucio y nosotros nos preguntamos por qué tenemos que vivir tan mal pagando impuestos altísimos que nos cobra la Municipalidad”.
Y El Tribuno estuvo ayer en la San Martín e Ituzaingó y comprobó que no había uno o dos fruteros, eran al menos 20. Hacen ruido, se hacen notar, intimidan y ya se sabe, por tantas otras denuncias, que engañan con la fruta mal pesada.
“Parece que nadie los puede controlar, están a sus anchas, como dueños de las calles sin pagar impuestos o pagando sin que sepamos. Los comerciantes sentimos una gran inseguridad, ellos ven todos nuestros movimientos, nos han robado muchas veces y sabemos que son cómplices de punguistas, además sabemos que fuman marihuana, no sabemos si venden, pero es inocultable”, denunciaron y agregaron: “Por favor señores funcionarios, sean serios, hagan algo de verdad, dejen de mentir y blanqueen el arreglo que tienen con los carros”.
Finalmente recordaron que “en plena peatonal Florida y San Martín hay gran descontrol. Por ahí desfilan cajas y cajas con humitas, tamales, empanadas, es una feria de comida sin controles bromatológicos. Algo raro hay en esto porque los inspectores miran para otro lado y los policías les tienen miedo a los carreros”.
La rampa tapada por un carro
Nancy Torres llamó al diario muy enojada para pedir que alguien le dé una solución o al menos la escuche. Parece que al igual que los vecinos y comerciantes de las zonas pobladas de carros fruteros, llama a Control y no la escuchan. El miércoles a las 20 horas, en la esquina de las calles Ituzaingó y San Martín su abuela, que se encuentra en silla de ruedas, se cayó por culpa de un carro de fruta por que estaba obstruyendo la rampa para discapacitados.
“Mi abuela que tiene 90 años, había salido con mi mamá de 64 años ha realizar compras. Por culpa de un carro frutero, mi mamá perdió la estabilidad y mi abuela se cayó. Gracias a Dios no tuvimos que llevarla al hospital, sólo sufrió un raspón. Pero se asustó mucho con la caída que podría haber sido peor. Mi madre, en su angustia, llamó al 911 y por suerte llegaron a los 5 minutos. Los policías corrieron a los carros pero hoy ya están de vuelta”, relató Nancy.
Al día siguiente, la mujer llamó al 0800 de la Dirección de Control y solo le tomaron la denuncia y le dieron un número de reclamo, pero ella teme que no se tome ninguna medida y esta situación siga tal cual como está.
“Hoy tengo una indignación bárbara. Estoy cansada de estos atrevidos. Yo pude hablar con los dueños de los comercios que están ubicados en la San Martín y me dijeron que no hacen denuncias porque tienen miedo a represalias por parte de los puesteros. Espero que alguien escuche mi reclamo y se haga cargo de esta situación”, expresó.
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