Las calles de la capital exhiben una realidad de la que el gobierno de la provincia y el municipio prefieren no hablar, dejando al desnudo las pocas ganas de brindar soluciones eficientes.
Una mujer en una oscura esquina acostada sobre una bolsa azul en la que, al parecer, lleva algo de ropa. Un hombre desarmado del cansancio en una de las veredas de la Catedral. Ambas situaciones en pleno centro de la capital formoseña.
Estas son solo unas de las tristes imágenes que ofrece por las noches la Formosa Hermosa de Gildo Insfrán. El discurso de la igualdad de oportunidades no es para todos, estas personas están relegadas de la tan nombrada equidad de la que el gobernador habla cada vez que está frente a un micrófono.
Para los más chicos tampoco Un niño que pide monedas. Las calles gritan una verdad que el gobierno decide no mencionarhay tregua. Aparecen (por lo general) de día en inmediaciones a comercios céntricos con sus prendas de vestir sucias y a veces hasta descalzos mendigando por monedas. Otros recurren a golpear las puertas de las casas para pedir “algo que comer” o ropa y también están aquellos que revuelven en la basura en una desesperada búsqueda por llevarse algo a la boca.
También están por los barrios, trabajando, vendiendo ajos, biromes o lo que sea con el único fin de sobrevivir a la realidad que les toca padecer a diario.
La ausencia del Estado se evidencia en estos casos que ofrece la capital de la provincia. Los altos mandatarios parecen ignorar o deciden hacer la vista gorda a esta realidad.
Asegurar que se “beneficia a cada uno de los habitantes” queda como una incuestionable mentira al contemplar a estas mujeres y hombres que deambulan por la vía pública. “Los únicos privilegiados son los niños” se convierte en una falacia feroz al mirar a los pequeños indigentes que piden por lo menos un vuelto.
Las calles exhiben una realidad de la que el gobierno no habla y dejan al desnudo la no preocupación por brindar soluciones efectivas.
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