Señores, el Tolo Gallego encontró el equipo: luego de cortar cabezas, de buscar y cambiar, el DT vio ayer a un Independiente que jugó lindo, fue solidario y goleó.
Es probable que los jugadores hayan sentido ese respaldo necesario luego de tanta sangría. Porque Independiente mostró una pasmosa tranquilidad para no desesperarse ante las enormes facilidades que le daba Tigre. Era como cuando uno tiene mucho hambre y cae en una fiesta donde sobra la comida: si te atorás de entrada, es posible que terminés mal. El team del Tolo fue por el otro camino, lo midió, se permitió tardar más de media hora para clavar el tenedor. Pero, además, hubo otras cualidades, como la enorme entrega y solidaridad para presionar y tocar. Los dos primeros goles fueron la mejor exposición del concepto "equipo": la robó Pusineri, la bajó Gandín y la colocó en el ángulo Ríos. Presionó el Rolfi, el Toti metió un pase magistral y definió Gandín.
No fue casual que la columna vertebral estuviera encendida: el arquero respondió cuando le tocó, Tuzzio se reencontró, Machín no le soltó la mano a la oportunidad de sentirse importante, Ríos juega, siempre juega, la pide, se mueve, no le importa que por esa fidelidad a la pelotita haya sido el verdugo ante Colón. Y, cerca de él, Montenegro no desperdicia nada que tenga un poco de peligro. Por todo esto, el Rojo se dio el lujo de golear sin tener un nueve de área. No es poco.
Lo que sí fue poco, nada, es lo que hizo Tigre. No hay que restarle méritos a la victoria, pero otro Tigre no se hubiese entregado jamás con tanta pasividad. Es cierto que no se puede vivir a puro éxito, aunque tampoco es saludable jugar como en el picado de la semana. Si salís jugando una vez y la perdés, bueno, mala suerte; si te pasa dos veces, y bue, fijate para la próxima; si te pasa en cinco o seis oportunidades, directamente tenés la cabeza en otro planeta. Este Tigre no raspa, no deja la vida en cada pelota, no asume que debe dar un plus para igualar el potencial del rival. Como atenuante, consuelo fácil, es que tuvo varias bajas. ¿Puede alcanzar esto para un equipo que estuvo a punto de ser campeón? Difícilmente...
De todas maneras, al partido le sobró por lo menos media hora. Y el Tolo lo aprovechó: vio en acción a sus 11, que siguieron con el tiqui-tiqui, con Patito Rodríguez tirando paredes con el Rolfi, con el señor Rodríguez cerrando como una fiera... Pasaron 28 días del segundo debut de Gallego: ahora podrá decirse que el 2 de mayo fue el día 11 T. Sí, hay equipo.

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