Muchos vecinos denuncian haber sido amenazados y no quisieron dar sus nombres por temor. Algunos toman pastillas para dormir o se mudan los fines de semana. "Los fines de semana, por la vibración, la pava se cae de la hornalla", dijo Carlos, un hombre de 70 años que vive arriba de un boliche en la zona de la Balcarce.
"¿Por qué tengo que vender mi casa si me ponen un boliche al lado? Que la municipalidad le haga cumplir las ordenanzas a los dueños y podamos convivir en paz", sostuvo otro vecino de la zona que no quiso dar su nombre por miedo a represalias.
Los residentes del Paseo Balcarce viven una verdadera pesadilla cada fin de semana, según cuentan: "Si no tomás pastillas, no podes dormir, el ruido es insoportable", dijo otra vecina que tampoco quiso dar su nombre.
Muchos vendieron sus propiedades y se fueron a vivir a otro lado, producto de las incomodidades que les causaban los comercios de la noche, otros se resisten a mudarse.
"Acá orinan siempre y el pis pasa por debajo de la puerta y entra a mi comercio. Eso me enoja mucho. Con el tema del ruido para mí no es un problema, pero sí lo de la orina", explicó Lidia, otra vecina.
Hace más de 10 años que los vecinos reclaman mayor control y que se cumpla con las ordenanzas para que vecinos y comerciantes puedan vivir en paz: la acustización de los locales es un punto fundamental. Otro inconveniente es que los repartidores de mercadería se estacionan constantemente en garages o lugares prohibidos. Además, los vecinos piden que se tenga mayor cuidado con la basura que se saca a la vereda y que la gente que acude a los boliches no dañe las propiedades de los vecinos: "Al otro día encontrás pis, vómitos y mucho más en la puerta de tu casa", contó un vecino.
Algunos habitantes están cansados y resignados después de tantos años de lucha. Además denuncian que fueron amenazados en más de una oportunidad, por lo que muchos tienen miedo de dar sus nombres.
Alejandro se mudó a la casa que era de su abuela a fines de junio de 2014: "Mi mujer estaba embarazada. Cuando decidimos mudarnos, al lado había un bar que no hacia ruido. Era tranquilo. A los meses alquilaron el local y pusieron un boliche. Ahí comencé con denuncias. Inspectores de la Subsecretaría de Control Ambiental de la Municipalidad vinieron a medir los decibeles que había en mi casa y dio 75. Volvieron a las semanas a realizar otra medición y cuando estaban entrando a mi casa, los del boliche bajaron la música. Desde la subsecretaría me dijeron que no pueden hacer nada, que ellos solo miden porque no cuentan con expertos en sonido que pueda asesorar y exigirle a los boliches aislamientos acústicos. Además es muy caro realizarlo en construcciones viejas".
La ordenanza municipal 11.846 en su artículo 12, dice: "La autoridad de aplicación aprobará, previa verificación, el plano y memoria de aislamiento acústico, que deberá presentar el interesado con la firma del profesional competente, garantizando a los vecinos la no emisión de ruidos o vibraciones que perturben a los mismos".
La ordenanza 11.938 reglamenta en 70 decibeles el nivel sonoro máximo dentro de los edificios de reunión bajo techo. En la casa de Alejandro llegaba a 75.
"Son todas casonas viejas que no tienen preparación acústica", explicó Alejandro.
Al no poder encontrar respuestas en la comuna, Alejandro acudió a la justicia: "Estoy con un abogado y presenté una solicitud de clausura al boliche del lado de mi casa. "El lugar no tenia certificado de aptitud ambiental y estuvo clausurado un mes y medio porque había una menor adentro".
Un grupo de vecinos está juntando formas y realiza reuniones y denuncias colectivas para ver si se logra un control. Otros vecinos, los que luchan contra esto desde el principio, creen que estas firmas terminan archivadas en un cajón.
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