Más incertidumbre en las familias a punto de ser desalojadas en Camino del Resero

Las casas de chapa y madera emergen desde los yuyales. La electricidad y el agua potable son lujos lejanos y las calles de tierra se vuelven interminables.
Así viven unas 50 familias pasando la Ruta 188 sobre el camino del Resero. Es uno de los tantos asentamientos que se levantaron en la ciudad en los últimos tiempos, y a todos esos males les tienen que sumar ahora la inminencia de un desalojo judicial y la inacción de las autoridades.

M., es una de las tantas vecinas que vive en el barrio. No quiere dar su nombre porque “me conocen todos en Bienestar Social”, y teme que tomen alguna represalia por sus declaraciones. Ella llegó al predio porque tenía “unos conocidos que me dijeron que había lugar. Yo estaba en uno de los hoteles que da la Municipalidad, y la situación no daba para más”, recordó al joven que tiene una hija discapacitada.

El desalojo ya fue librado por la Justicia, y las familias están en una continua incertidumbre desde la llegada del oficio. En el municipio ya conocen la situación y aseguraron, en boca de Nazareno Diotti, que no tienen los recursos necesarios para ayudar a todos.

“Lo que nosotros pedimos es que nos den un lote y los materiales para poder armar algo”, sostuvo M.. “Hay muchas madres con chicos, hay nenes con discapacidades y no podemos quedar en la calle otra vez”.

Las condiciones de vida en el predio, extenso y con las viviendas dispersas, son malas. A la falta de luz y agua potable, hay que sumarle la suciedad, las ratas y los insectos. Además, para conseguir atención sanitaria hay que recorrer varios kilómetros, y ante cualquier urgencia es imposible lograr que las ambulancias lleguen.

Aducen desde la empresa que brinda el servicio que sólo atienden accidentes, aunque los llamado lleguen al 107, el número de emergencias del Hospital (tercerizado en esta empresa), tampoco logran que la ambulancia los auxilie.

“Nunca nadie se acerca hasta acá, de vez en cuando viene alguien de Bienestar Social”, contó la joven madre, aunque se quejó de que “sólo nos dan la leche en polvo y la atención médica de la salita de Republica y Salta, que está lejos”.

La ambulancia pide la custodia de un patrullero, porque si no, no entra. “Hace poco me operaron y me sangraba mucho la herida. No lograba que el servicio de emergencia viniera, y tuve que llamar a la Municipalidad, que me mando ayuda”, remarcó.

Las noches son más oscuras en el barrio San Antonio, y más donde está el predio. “Tenemos que hacer todo antes de que el sol se vaya porque si no no podemos. Es una boca de lobo este lugar”, describió.

Mientras tanto, las familia sigue luchando contra el desamparo y la marginación. Aguardan que la cesión de los lotes sea firmada por el intendente Mario Meoni, pero por el momento eso no ocurre y la desesperación está ganando terreno. “No nos vamos a ir, aunque esté la orden de desalojo. Si mañana vienen y nos sacan, ¿a dónde vamos?”.

“Ellos (el municipio) tienen donde dormir y comer todos los días, no les importa que haya gente como nosotros que no tiene techo ni comida. Ellos están cómodos”, criticó la mujer.

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