Incendio en la destilería: una planta quedó destruida y pudo ser mucho peor

Incendio en la destilería: una planta quedó destruida y pudo ser mucho peor
Los daños más graves los sufrió la de Coque A, donde arrancaron las llamas después de que se inundó y el material entró en contacto con el calor. Luego se propagó a otra, pero se temió que llegara al catalítico. No hubo heridos
Todo lo que se suponía que no podía pasar, pasó este martes, junto y en simultáneo. Al diluvio histórico se le sumó, al filo de las 7.30 de la tarde, un siniestro que siempre sobrevoló en el imaginario colectivo como causa potencial de una catástrofe inminente: ardía la destilería de YPF. La luz de alerta se encendió en las redacciones con los llamados de los vecinos que advertían sobre explosiones, humo negro y llamaradas en la planta que se encuentra entre Berisso y Ensenada. Resultaba difícil de creer que a los evacuados, la lluvia incesante y el desborde en los servicios de emergencia, se sumara ni más ni menos que esto. Pero sí.

Un par de horas después el rumor estaba confirmado de manera oficial, aunque recién ayer trascendieron los verdaderos motivos del incendio.

El primer foco se originó en la planta Coque A (que abarca dos manzanas), donde ingresó una importante cantidad de agua que hizo que se derramara el material que allí se procesa y entrara en contacto con varios puntos de calor. Eso generó las llamas que se propagaron rápidamente a la unidad de destilación Topping C. En ambas hay gasoil, pero lo que más preocupaba a las autoridades era que el fuego llegara al Catalítico D, ubicado a 50 metros de la planta de Coque A (en sentido inverso a la de Topping C), ya que allí se concentra “una impresionante cantidad de litros de nafta de todas las clases”, dijo una fuente oficial a Trama Urbana. La suerte (primero) y el operativo montado después impidieron que eso pasara. ¿Y si pasaba?

“El incendio hubiera sido mucho más dantesco todavía”, resumió el mismo vocero.

Las primeras en combatir el siniestro fueron las seis dotaciones propias de YPF, a las que rápidamente se sumaron tres de los Bomberos Voluntarios de Ensenada e igual número de los cuarteles de Berisso, que hasta entonces estaban trabajando en el rescate de los evacuados por las inundaciones en sus distritos. Hay que aclarar que si bien eso complicó las tareas, no las anuló del todo. De hecho, en esas ciudades más acostumbradas (y preparadas) a las inclemencias climáticas, no hubo víctimas fatales.

A las llamas lograron controlarlas después de 12 horas de intensa tarea, aunque recién fueron extinguidas por completo ayer a la tarde.

La planta de Coque A quedó inutilizable, mientras que la de Topping C podrá recuperarse, con inversiones y tiempo. Las fuentes consultadas aclararon que el siniestro no tuvo consecuencias ambientales, más allá del humo y las cenizas que hasta la madrugada del miércoles se combinaron con el agua y ayer persistieron, después de que aquella dejó de caer del cielo.

En la planta quedaron asignadas una guardia fija de YPF y otras dos de los cuarteles de Ensenada y Berisso, de manera preventiva. Afortunada y milagrosamente, no hubo heridos.

El barrio, el día después del pánico

Mientras el barrio cercano a la planta destiladora intenta recuperar la normalidad de a poco, persiste todavía un vaho amargo en el ambiente, remanente de la imponente columna de humo negro que tapó el cielo durante el siniestro.

“Los estallidos comenzaron alrededor de las 20.30, y enseguida llamamos a los bomberos” comentó Jorge al diario Hoy. Este vecino que vive en 60 y 126 explicó que aunque no hubo una orden de evacuación, fueron muchos los que decidieron irse por su cuenta a casas de familiares impulsados por el terror a un desastre mayor.

“Realmente pienso que es más grande de lo que se dijo. Cuando pasé por calle 60 con el auto se veían las llamaradas que eran enormes, el humo era infernal” contó Carlos, un berissense que se dirigía a La Plata en el momento del incendio. “Las explosiones eran fuertísimas y también lo era el humo. No creo que haya sido tan simple como informaron”, analizó.

Este es el clima de incertidumbre y desconfianza que reina en el barrio después del miedo: los vecinos temen las consecuencias tóxicas de la humareda, que aún genera molestias en la garganta. A esto se suman las recomendaciones de no consumir agua corriente -una advertencia que trascendió de boca en boca y de Facebook a Facebook- hasta que se compruebe que el hollín no contaminó las napas.

“Cuando entré la bicicleta a mi casa me encontré con que tenía salpicaduras negras” señaló Mariana, quien agregó que “lo mismo pasó en los autos y en las veredas”. El hollín de la quema de combustibles se precipitó al suelo arrastrado por las constantes lluvias.

Silencio en la planta

Salvo escuetos comunicados en los que se informó sobre el estado del foco ígneo, desde la empresa optaron por el hermetismo con el claro objetivo de minimizar el hecho.

Los teléfonos de los voceros de la refinería no respondieron durante el transcurso del siniestro y los operarios de YPF tienen terminantemente prohibido formular cualquier tipo de declaración a la prensa sobre lo ocurrido: un silencio que generó inquietud en la población y empujó a los vecinos a la autoevacuación.

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