El director de Primera Línea, Darío Zarco, quien hace dos días atrás había sido atacado por una comisión policial de unos cuarenta efectivos a unas pocas cuadras de su domicilio, ahora tuvo que sufrir que incendien su automóvil frente a su hija de un año.
Según testigos, alrededor de las 16 en Villa Luzuriaga, dos sujetos destruyeron la luneta y arrojaron un elemento encendido en el interior del vehículo, estacionado en la vereda donde el periodista se encontraba junto a su hija de un año.
“Los vecinos lo alertaron y alcanzó a alejar otro vehículo estacionado a la par para evitar que el siniestro cobrara dimensiones mayores. Inmediatamente atacó las llamas con el extinguidor del otro auto, que resultó insuficiente, por lo que tuvo que continuar intentándolo con agua. Con mangueras y baldes, él y los vecinos consiguieron sofocar el fuego. Tras esto, intentó varias llamadas al servicio de emergencia 911, hasta lograr contactarse y minutos después arribaron dos patrulleros que recorrieron las inmediaciones en procura de dar con los atacantes validos de la descripción dada por los testigos”, publicaron en el diario que dirige el periodista.
El automóvil, un Peugeot 405, negro mate, “viejo”, según describió, si bien no fue consumido completamente por las llamas, quedó completamente inutilizado. Relativizando los daños materiales, dijo temer por la integridad y hasta la vida de los integrantes de su compañera y su hija.
Dudas sobre el episodio
En Primera Línea aseguran que “aunque prefirió no adelantarse a hacer imputaciones, Zarco no descartó la posibilidad de que el ataque guardara relación con la investigación de organizaciones delictivas, más precisamente bandas mixtas vinculadas a delitos contra la propiedad y al negocio de las drogas que operan en la zona sur del área metropolitana”.
El incendio de su automóvil ocurrió dos días después de que denunciara haber sido atacado por una comisión policial de unos cuarenta efectivos a unas pocas cuadras de su domicilio, en la madrugada del último martes, cuando cubría los episodios violentos y fue testigo de un procedimiento que los propios policías admitieron como “irregular”. En esta oportunidad fue acosado, amenazado e insultado y en el “apriete” sufrió la rotura del teléfono celular en el que había registrado las imágenes que fueron eliminadas por los policías que le arrebataron el aparato.
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