Inauguraron una fábrica de pan, facturas y pizzas en el barrio José Hernández

El emprendimiento surgió por iniciativa de los chicos que asisten a los talleres de empleo del Centro de Día San Martín de Porres y funciona en un espacio físico perteneciente al grupo de catequesis y comedor de la capilla Beata Laura Vicuña.
Esperanza de Vida es el nombre de un emprendimiento del Centro de Día San Martín de Porres y la Asociación Nueva Vida, orientado a la enseñanza de un oficio y que cumple, a su vez, un rol social en el barrio José Hernández. Se trata de una fábrica de pan, facturas y pizzas inaugurada ayer en un espacio físico perteneciente al centro de catequesis y comedor de la capilla Beata Laura Vicuña, ubicado a pocos metros del templo y en la que participan jóvenes de ese sector de la ciudad. El proyecto surgió por iniciativa de los chicos y fue respaldado por la institución que realizó gestiones para ponerlo en marcha.

Rosa Gigena, de la Asociación Nueva Vida, explicó que “la idea surgió a través de los talleres de empleo que funcionan en el Centro de Día San Martín de Porres, a cargo de la Asociación Nueva Vida. Los técnicos de los talleres escucharon la propuesta de los chicos, lo hablaron con los directivos y enviamos el proyecto para financiar la compra de maquinarias y comenzar con la panadería. Los jóvenes, de entre 18 y 24 años, nos contaban que estaban elaborando pan casero en el barrio y les resultaba difícil hacerlo por sus propios medios. Entonces la institución tomó ese proyecto, gestionó un subsidio ante la empresa Monsanto que lo aprobó y con ello se realizó la compra de los elementos para el emprendimiento de pizzas y pan.

“Contamos con el apoyo del padre Miguel Nadur que siempre respalda las obras de Nueva Vida y nos cedió en comodato el espacio físico donde funciona la fábrica. Con el trabajo de mucha gente acondicionamos el lugar y hoy estamos dando inicio a este proyecto en el que depositamos mucha esperanza”.

Tarea social

Laura Donofrio, una de las colaboradoras en este proyecto explicó que “el emprendimiento no sólo está enfocado a que el chico aprenda un oficio y tenga la posibilidad de insertarse laboralmente en algún comercio de la ciudad, sino también cumple una tarea social, orientada a los jóvenes y a las madres”. El trabajo se va a realizar en dos grupos, uno a la mañana en el proceso de fabricación y otro a la tarde en la venta. Donofrio indicó que “en principio vamos a hacer venta domiciliaria y después veremos si podemos extenderlo a comercios. Tengamos en cuenta que el emprendimiento recién comienza. Después iremos viendo si se puede convertir en una cooperativa de trabajo”.

Puesta en marcha

Por último, otro de los trabajadores que colaboró en el emprendimiento, Juan Carlos Iriondo se refirió al tiempo que demandó acondicionar y poner en marcha la fábrica. “Con un grupo de persona nos dedicamos de lleno a poner en funcionamiento este proyecto y en poco más de un mes hicimos remodelaciones de pintura en el espacio que nos cedieron, conseguimos las máquinas a través de una empresa de nuestra ciudad a la cual le explicamos cuál era nuestro objetivo y nos hizo precio.

“Es un desafío muy grande y los chicos lo entendieron así. Saben que van a estar respaldados por nosotros y estamos contentos porque se formó un grupo de trabajo muy lindo”.

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