El ingeniero Jaime Bravo Jara analizó la realidad de la ciudad y de la provincia en cuanto a las variables que componen el tránsito y su relación con el contexto latinoamericano.
Afirman que las cifras de víctimas de accidentes de tránsito en la provincia son “alarmantes”.
El ingeniero en Tránsito Jaime Bravo Jara, de Santiago de Chile, disertó ayer en el Paraninfo de la Unse, sobre la problemática en esta ciudad y sobre la temática en el contexto latinoamericano. Antes, dialogó a solas con EL LIBERAL y analizó los puntos más importantes del porqué de los altos índices de siniestralidad.
Haciendo un paralelismo de los estándares mundiales con Santiago del Estero, en cuanto a las variables que inciden en un accidente de tránsito, remarcó que el 70% de los siniestros se producen por el factor humano, más específicamente “por la imprudencia”. Seguidamente aseguró que en la provincia estos porcentajes se acentúan aún más, por la “ignorancia” de las normas de los conductores.
Más adelante remarcó que el ambiente -categoría en la que se enmarcan todos los factores viales- incide en un 25%, advirtiendo que en la provincia también se incrementaría este porcentaje, ya que hay muchas falencias en el diseño, en el estado de las calles y rutas, así como también de otros elementos que componen la variable.
Contexto regional
En cuanto a la realidad que se vive en Latinoamérica respecto al tránsito, Bravo Jara manifestó: “Creo que lo primero que hay que entender es la idiosincrasia del pueblo, para no traer soluciones que están absolutamente desajustadas a la realidad en que vivimos”.
“El segundo punto a tratar, es que la ingeniería del tránsito, aplicada a los trabajos en las ciudades, es para anticiparse a los problemas y no para resolverlos. Nosotros sabemos las consecuencias que pueden tener un mal diseño de vías, por ejemplo. El no ajustarse a las características de la modernidad, incide en los niveles de percepción que han ido siendo reducidos con el paso de los años”, remarcó.
“La mayoría de los conductores hoy en día tienen una menor percepción que sus antepasados. Escuchan y ven menos que antes, y sus hijos van a escuchar y van a ver menos. Esto se debe a que el ser humano tiene un proceso gradual de atrofiamiento perceptual, por los problemas que hoy sufre todo el planeta, contaminación ambiental, atmosférica, entre otras”. Seguidamente apuntó: “La tecnología automotriz del mundo está supliendo esto con una suerte de elementos, por eso tenemos luces de Xenón, tenemos telecámaras, sistemas de radares, GPS, que nos están diciendo cómo llegar, por dónde ir, cómo movernos”.
“Lo más importante es el desarrollo cultural que deben tener nuestros pueblos para entender que el factor fundamental del accidente de cada día, en todo el contexto latinoamericano es la imprudencia”, afirmó.
“Esto solamente se cura con planes afinados, de orden participativo para poder resolver estos comportamientos que son errores que se cometen todos los días”, señaló. Así también recalcó: “Es necesario desarrollar una política de seguridad vial, acompañada por un plan de seguridad, definir cuáles son las potencialidades que debe tener ese plan”.
“Es responsabilidad de todos tomar las riendas de esta problemática, no sólo de las autoridades, sino toda la comunidad. Grandes actores son las fundaciones, los centros que agrupan a las víctimas, porque ellos son el epílogo de todo este acto. También lo son las universidades, que están muchos años proyectados y lo más importante es el parecer de la gente”, dijo.
Cambio de rol
En la oportunidad también se refirió a la problemática el Ing. Pedro Basualdo, vicedecano de la Facultad de Ciencias Exactas y Tecnológicas de la Unse. “Creo que debemos pasar de la categoría de espectadores a protagonistas, si no superamos esa etapa, difícilmente encontremos las soluciones para revertir las cifras de víctimas”.
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