Mientras los partidos principales de la pugna electoral del año evalúan candidaturas, que no se darán a conocer oficialmente todavía, el escenario económico-social se sigue complicando. Es necesario entonces evaluar el contexto, más allá de lo que está pasando en cada sector político con aspiraciones.
El panorama en los partidos: Los sectores políticos están en pleno proceso de construcción. Hay que diferenciar entre tres grandes grupos para las elecciones nacionales y municipales. El MPN está dedicado a elaborar el consenso político antes que la definición de candidaturas. Es importante entender lo que el partido provincial ha entendido: esta vez, más allá de los nombres que lo representen, es crucialmente importante la definición política que asuma. Es así porque navegará entre dos aguas extremas que no lo beneficiarían: ni el mar K ni el océano anti le convienen. Por eso el MPN definirá una cartilla, una especie de guía de la coyuntura, con puntos que ningún candidato podrá soslayar. La danza de nombres posibles seguirá, pero no hay que cargar de ansiedad esta cuestión, pues inevitablemente saldrán de la negociación y las encuestas. Esa combinación parirá los nombres principales. El segundo grupo representa al Quiroguismo, desgajado en dos vertientes principales: la del Nuevo Compromiso Neuquino, y la de la UCR. Suma también a los socios de CC-ARI. Y no descarta otros, por ahora ariscos. Se definirá por la posición crítica hacia el kirchnerismo, aunque cargará esa característica en la neuquinidad, es decir, la defensa de intereses provinciales. Hay que atender a la línea que bajó el senador Sanz en su visita del sábado. Fue un libreto compartido por Quiroga en un cien por ciento. El tercer grupo representa al kirchnerismo, y está basado en la representación propia del Justicialismo, dominado por la mayoría K, y los aliados del Frente para la Victoria, que pueden incorporar en esta jugada a UNE y otros sectores. Tal es el panorama partidario resumido y quizá injusto con otras agrupaciones que también buscarán competir.
El peso de la economía: El rasgo más saliente de la coyuntura es el de la economía. Será difícil que la coyuntura política esta vez pueda esquivarlo. La persistencia de la inflación ha pulverizado la mentira del INDEC, y está obligando a una lenta pero incesante sinceridad oficialista. La realidad monetaria entró en crisis con una estampida del dólar innegable, que en realidad no es más que un derrumbe del peso. A la piel política le conviene hablar del dólar, pero en realidad habría que hablar del peso y su caída, pues esto refleja con mayor exactitud el drama nacional: pérdida de importancia a nivel internacional, dificultad para abastecer el mercado interno, inestabilidad laboral y conflictos gremiales que se multiplican. En Neuquén, la realidad de transición entre el petróleo que se fue y el que puede venir, seguirá todo el año. El mismo gobierno de Jorge Sapag ha calculado en su presupuesto una caída en la producción de este año, tanto para el gas como para el petróleo. El sector empresario no tiene expectativas de crecimiento, sino de ajuste. Estiman que habrá empresas que reducirán personal, con la persistencia de meseta en ventas o aun de descenso en las mismas. Todo esto es sostenido fundamentalmente por la expectativa de renacimiento petrolero. Si no existiera la posibilidad cierta de crecimiento de la producción en los años venideros, ya estaría Neuquén en las puertas de un desastre. Este escenario económico le juega en contra fundamentalmente al MPN, porque no logra satisfacer desde el discurso lo que la realidad induce a percibir. Hasta los números positivos, como por ejemplo el aportado por el sector turístico, se relativizan porque todavía tienen poco peso en el cuadro general.
El sindicalismo y su rol: No puede soslayarse tampoco el peso del conflicto docente. Es ciertamente inútil repetir consignas y clichés gastados sobre las consecuencias de un paro prolongado en las escuelas. Hace muchos años que la educación en Argentina y en particular en Neuquén viene cayendo en calidad y cantidad. El sindicalismo tal vez entendió más rápido que lo único que queda por hacer en el actual escenario nacional es accionar, más que hablar. Por eso el paro de ATEN tiene respaldo. Como siempre ocurre, no el masivo de los maestros “de a pie”, sino el suficiente de un número considerable de militantes escolares y no escolares. Suficiente, debe considerarse, para cumplir la premisa de la medida de fuerza: presionar a quien maneja el presupuesto con la fuerza suficiente como para arrancar alguna concesión. El contexto nacional esta vez no lo dejó solo a ATEN, y eso refuerza su posición. El gobierno atravesará en esta, la semana más difícil del año. Porque es posible que deba actuar. Hasta ahora, ha hecho lo que mejor le sale: demorar, patear para adelante, desgastar. Pero Semana Santa, más que un feriado, es una pequeña vacación. Si el gremio corta o molesta en rutas, como es casi seguro que ocurrirá, logrará repercusión. Será una repercusión negativa, pero al gremio igual le sirve. ¿En qué? Fundamentalmente, lo que se juega en el sindicalismo estatal es un liderazgo confiable para enfrentar la coyuntura. Se trata de definir qué hacer con el MPN. Si respaldar su continuidad o apurar su decadencia. De este rol político es cabalmente conciente el sindicalismo neuquino. Y esta pelea comienza a jugarse este año.

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