María, Milagros, Soledad, Gustavo y Micaela se juntaron, hablaron entre ellos, se pusieron de acuerdo y citaron a EL LIBERAL para develar el calvario que vivieron durante años con los vejámenes de su propio pariente. Desgarrador testimonio.
“Él estaba siempre pendiente. Cuando nosotros sacábamos la bici para ir a algún lado y mirábamos para la casa de nuestros abuelos, él ya estaba observando, entonces ya sabíamos que a la vuelta ya lo íbamos a encontrar. A veces se paseaba de un lado a otro de la calle, otras veces nos esperaba sentado”, relatan los hermanos quienes recuerdan que hace años el lugar era inhóspito: “Ahora hay más gente y movimiento, pero antes no había muchas casas”.
Como ya se destacó en las crónicas previas de este caso, todos los nombres de las víctimas son ficticios. En la entrevista de ayer, los propios hermanos eligieron con qué nombre reemplazar sus verdaderas identidades y las elecciones resultó sintomática: las gemelas mayores eligieron “Milagros” y “Soledad”, el varón Gustavo, la menor viene siendo nombrada como “María” y la única que aún se resiste a hablar “Micaela”, de 16 años.
“Siempre nos manoseaba”
La primera en contar sus amargos recuerdos, fue “Milagros”, 20 años: “Él, nuestro tío, siempre nos rondaba en la casa, siempre teníamos miedo de salir. Íbamos al quiosco y cuando regresábamos siempre estaba en el camino y nos atajaba para manosearnos. Lo primero que hacíamos era ver si él nos estaba espiando, si estaba o no”.
“Una vez yo regresaba medio tardecita, como a las cinco, y él estaba al frente de mi casa donde trabajaba mi papá, lo he encontrado muy cerquita, porque si no volvía o esperaba a alguien que pase conmigo. Lo primero que pensé fue pasar muy rápido, para que él no me alcance. Pero yo era chica y la bici era chiquita, o sea que era un pensamiento tonto, yo sabía que él igual me iba a agarrar, habré tenido 10 años. Lo que me acuerdo es que no podía hacer nada. Él me saca de la bicicleta y me levanta para llevarme al monte, pero yo lo agarro de los pelos, él me empieza a tironear y yo a forzar. Cuando yo forcejeaba recuerdo que alguien aparece por el camino, entonces él me suelta y yo logro escapar. No me olvido de esa vez”. l
Comentá la nota