Diálogo íntimo con La Capital. El padre Ignacio respondió en torno a los rumores en torno a su persona. Dijo que no piensa irse de Rosario y que está bien de salud
Este diario repreguntó para despejar dudas. "¿Está pensando en irse?". "No", respondió tajante el convocante sacerdote del barrio Rucci. "Y, si fuera así. ¿Quién debería decidirlo?". "Yo", admitió. Pero no se trata de eso. Según, Ignacio, la intención pasa por modificar las cuestiones propias de la dirección de la congregación a la que pertenece (Cruzada del Espíritu Santo). "Lo que más me gusta es dedicarme a los enfermos y a los que necesitan, más que cualquier otra cosa", reconoció. Y, a pesar de su imponente magnetismo y repercusión, dio un ejemplo de humildad: "Yo no busco poder ni nada de eso. Quiero dedicarme a la gente y trabajar con la gente".
Así, en tren de abundar sobre esta sensación que lo preocupa, siguió: "Mi deseo es estar más con los enfermos, pero hay otras cosas que me lo impiden. Debo resolver las cuestiones sociales y materiales, para mí menos importantes que predicar el evangelio o salvar un alma. Pero la realidad de la vida me obliga a otras cosas; igual tengo que hacer cambios sí o si".
En este punto, Ignacio volvió a reconocer: "No me afecta estar al frente de la congregación". Y añadió: "Creo que una de las misiones más hermosas que tengo en la vida pasa por la satisfacción de compartir con la gente. Eso me alegra mucho".
Los relatos sobre sanaciones y su impactante poder de convocatoria convirtieron al cura negro nacido en Sri Lanka (Asia) en un ser muy demandado. Y el crecimiento de su agrupación no le deja los espacios que necesita. "Tengo que estar lejos de los problemas sociales, materiales e institucionales, tengo que buscar la forma", dijo. "¿Cómo?", fue la consulta de este medio. "Estoy rezando para que Dios me ilumine. Alguna solución va a venir. Ya son casi 35 años parado, trabajando por la gente, por la iglesia, por todos", marcó de manera indeleble. Y eligió el lado de la tranquilidad ante tantos requerimientos: "Siempre, donde esté, me voy a dedicar a los enfermos".
La charla llegó hasta Francisco, el Papa argentino. Y ahí se mezclaron las cuestiones administrativas "de nivel de la congregación" que Ignacio, al ser "superior", debe resolver con el Vaticano y la amistad y aprecio que existen entre ambos.
"Son muchas las cosas que tengo que decidir", relató el cura a la vez que volvió sobre la "alegría" de que se haya elegido a Jorge Bergoglio como Sumo Pontífice. El padre Peries confía en que el Papa lo ayude a resolver los temas sociales y materiales de actividad como referente congregacional. Eso le dará un alivio. El mismo que le origina saber que son amigos. En efecto, Francisco entiende de qué modo Ignacio ayuda a quienes más lo necesitan. "La imagen que tiene la gente del Papa es la de un hombre que conoce la realidad", fundamentó el sacerdote.
Habladurías. El crecimiento de Bergoglio en la jerarquía eclesiástica llevó a que hoy esté en boca de todos. Del mismo modo que Peries, una persona tan pública y admirada que genera mitos y todo tipo de comentarios. "Sé que se dicen cosas sobre mí. Muchos se agrandan al señalar que conocen al padre Ignacio. Pero sólo la gente que está cerca conoce la realidad. Los que únicamente hablan, no tienen ninguna idea de mí. Dicen que saben, pero no saben nada. Hay cosas que me dan risa", expresó el cura justamente sonriendo. Y fue a un ejemplo: "La semana pasada alguien divulgó que yo dejaba el sacerdocio. No sé de dónde lo sacaron".
Entre más sonrisas, Ignacio subrayó taxativo: "Yo, en cambio, sé como me tengo que ubicar con cada uno". Y siguió: "Ciertas personas, para mostrar cuánto saben, comentan incluso dónde me voy de vacaciones. Yo me río y no contesto. La verdad, que la imaginación es increíble".
En esta sintonía y para alejar rumores, La Capital interrogó: "¿Está bien de salud?". La respuesta desenredó la maraña: "Sí, gracias a Dios".

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