Para el Consejo Episcopal Latinoamericano una educación de "calidad para todos" es clave para superar la pobreza y exclusión social "alarmante" en la región.
También pidió la universalización de la matriculación a los cuatro años, agregar competencias laborales al proceso educativo, cualificar la formación de docentes y una mayor valoración de la educación no formal.
Los obispos latinoamericanos exigieron a los jefes de Estado un mayor presupuesto educativo que debe llegar en cada país, estimaron, a por lo menos al 6 por ciento del Producto Bruto Interno, a fin de convertir a la educación en "política de Estado".
"Se han dado significativos avances en la región en cuanto al acceso al sistema escolar, aunque no así en la calidad que estos sistemas de educación formal ofrecen", se destacó en el texto colgado de la página oficial de la Cumbre.
La declaración es el trabajo conclusivo del Diálogo de Alto Nivel sobre Educación para la Inclusión Social que se llevó a cabo en Buenos Aires el 5 y 6 de agosto, presidido por el obispo argentino Jorge Lozano, responsable de la Pastoral Social del Celam.
El vicepresidente del Celam, el arzobispo argentino Andrés Stanovnik, y representantes de los credos adhirieron al texto "Educación para la inclusión social" que fue entregado el 13 de septiembre al ministro de Educación, Eduardo Sileoni. El texto apareció ahora "colgado" en la página oficial de la XX Cumbre Iberoamericana de Mar del Plata.
"Sin una política en materia de educación atada a una mejor calidad en la atención de salud, posibilidades de trabajo digno y vínculos familiares más firmes no lograremos la ansiada inclusión social", dijo Lozano.
Entre otras "injusticias silenciosas" del continente, la Iglesia advirtió que 120 millones de infantes viven en viviendas de condiciones precarias, donde no tienen ni siquiera una mesa o un lugar donde hacer los deberes.
Precisó además que 14 millones de niños menores de 14 años están obligados a trabajar, tres de cada 10 niños pobres no termina el secundario, y uno de cada cinco está excluido "totalmente" en materia educativa, sanitaria y de hábitat.
El Celam marcó como déficit en la escolaridad de la región que 6 millones de jóvenes entre 15 y 19 años no terminan la escuela primaria, y que no finalizan la secundaria el 70 por ciento en Guatemala, Honduras y Nicaragua; y el 50 por ciento en Bolivia, Brasil, Colombia, Panamá y Paraguay.
En tanto, a los déficit estructurales enumeró: el 20 por ciento de las escuelas no tienen agua potable, el 33 por ciento no tienen servicios higiénicos suficientes, el 47 por ciento carece de bibliotecas, el 63 por ciento no cuenta con sala de computación, en promedio hay 16 computadoras por escuela, y el 66 por ciento de los adolescentes y jóvenes nunca usaron Internet.

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