Dijeron al presidente que se abstenga de regresar para evitar un "baño de sangre".
Este salesiano de 67 años -que a la muerte de Juan Pablo II fue considerado como uno de los más firmes "papables"- usó la cadena nacional de Radio y TV cedida por el gobierno de facto para decirle al "amigo José Manuel Zelaya" que "un regreso al país en este momento podría desatar un baño de sangre". En tono duro y firme, Rodríguez Maradiaga le recordó a Zelaya que cuando asumió en enero de 2006 había jurado sobre tres mandamientos: no mentir, no robar y no matar. "Sé que usted ama la vida, sé que usted respeta la vida. Hasta el día de hoy no ha muerto un solo hondureño, por favor medite porque después sería demasiado tarde", insistió el arzobispo, miembro del ala progresista de la Iglesia y que en este empobrecido país centroamericano ha realizado importantes campañas por la defensa de los derechos humanos en Latinoamérica y por la condonación de la deuda externa.
Zelaya fue derrocado el domingo 28 de junio por militares, en cumplimiento de una orden judicial, luego de pretender realizar una consulta popular con el objetivo de reformar la Constitución, medida que fue considerada ilegal por el Tribunal Electoral, la Corte de Justicia y el Congreso.
El viernes por la noche, tal como adelantó Clarín en su edición de ayer, las autoridades de facto hondureñas se anticiparon y anunciaron que su país se retiraba de la OEA, al denunciar el artículo 143 de la carta de la organización, que establece la posibilidad de renunciar al organismo continental denunciando su texto fundacional.
El viernes, el secretario general del organismo, José Miguel Insulza, se reunió en Tegucigalpa con los jerarcas de la Iglesia para informarles que la OEA no reconocía al gobierno de Micheletti y que exigía la restitución de Zelaya en el poder. Monseñor Rodríguez también hizo un repaso del gobierno de Zelaya y pidió al club de países democráticos que "preste atención a todo lo que venía ocurriendo fuera de legalidad en Honduras y no sólo a lo sucedido a partir del 28 de junio recién pasado", día del golpe de Estado que depuso al presidente. El arzobispo -que hasta ahora gozaba del respeto de las organizaciones populares- aprovechó para cuestionar a la OEA y al presidente venezolano Hugo Chávez, uno de los más firmes aliados de Zelaya, luego de que éste, un terrateniente de derecha, se "convirtiera" al izquierdismo: "¿Por qué no han condenado las amenazas bélicas contra nuestro país?", dijo en referencia a dichos de Chávez, quien días atrás amenazó con una intervención militar. Por último, pidió al gobierno de facto "no dejarse llevar por los egoísmos, la venganza, la persecución, la violencia y la corrupción" y abogó por el diálogo y la reconciliación, luego, claro, de haber tomado partido.


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