Iacuzzi: “Las violaciones al extremo pueden llegar a la violencia criminal”

Iacuzzi: “Las violaciones al extremo pueden llegar a la violencia criminal”

La violencia de género es un mal que crece. En el último año, en la provincia de Buenos Aires, las causas judiciales originadas por esta forma de delito aumentaron un 39%. Durante todo el año pasado. fueron 286 las mujeres asesinadas por violencia de género y, muchas de ellas, fueron abusadas sexualmente.

La licenciada en Psicología y Psicoanalista Alicia Iacuzzi, que realizó trabajos de campo durante muchos años en unidades penitenciarias, habló con La Verdad sobre este tema tan candente.

La profesional, comenzó diciendo que “en el libro de mi autoría “Delitos contra la integridad sexual. Articulaciones psicoanalíticas desde las sombras del entre-rejas”, expongo acerca del trabajo de campo que he llevado a cabo durante muchos años como psicoanalista en función clínica dentro de una cárcel con esta tipología delictiva que, vale aclarar, abarca un amplio espectro. Con diferentes nominaciones, los hoy llamados delitos contra la integridad sexual, siempre existieron. Actualmente cobran visibilidad por su difusión a través de los medios de comunicación. Tal es así que la OMS ubicó como pandemia a la violencia hacia las mujeres”.

“Pero existen variables epocales que son necesarias identificar a los efectos tanto de la prevención como de eventuales abordajes terapéuticos. Hoy la cultura propicia particulares trastornos psicosociales, entre ellos las violaciones al extremo, a veces, de llegar a la violencia criminal. Los síntomas contemporáneos dejan perplejos porque evidencian el desenfreno pulsional humano. En este mundo en transformación se estaría transitando una etapa de no reconocimiento del sujeto como tal; de no consideración de los Derechos Humanos; de abolición de los efectos sufrientes en el otro. Hoy en día el mal y la barbarie se revelan con más frecuencia en la insensibilidad hacia el sufrimiento del semejante”, expresó.

Angustia social. Luego, continuó expresando que “desde la concepción de sociosubjetividades, cuando se infringen las leyes de convivencia humana brota la angustia social. La angustia social se manifiesta en una sociedad-comunidad crispada que reacciona con maliciosidad, impulsividad y furia ante cualquier contratiempo. Para vivir en comunidad, debemos renunciar al libre ejercicio de nuestra vida instintiva más pura. La libertad total es una utopía, un imposible. Hay reglas, pero nadie quiere tomarse el trabajo de resignar nada ni poner límites a las, muchas veces, desmesuradas aspiraciones personales. De allí, la creciente necesidad de leyes que regulen los Derechos Humanos de todos. Desde nuestra Constitución Nacional está previsto que quien infringe las leyes sea juzgado pero también que reciba el tratamiento específico para que al momento de recobrar la libertad se inserte socialmente en mejores condiciones”.

“Asombra cómo un rival se convierte en enemigo. El versus como agravio al amor propio es moneda corriente. Destruir al rival para triunfar sobre el prójimo es de asidua observación. Es el acto de dañar al competidor en forma directa, lesionarlo, hacerlo desaparecer, matarlo si es necesario. Así, nos sumimos en una guerra de destrucción fraterna intergeneracional. Desde la concepción de socio-subjetividades se destaca la influencia de la cultura en la producción de la subjetividad y de manifestaciones conductuales ajustadas y desajustadas. La coyuntura epocal desencadena, o no, componentes humanos que tienen que mantenerse saludablemente reprimidos para lograr una convivencia civilizada. En su defecto emerge la barbarie”, relató.

La violencia. Alicia Iacuzzi, manifestó luego a La Verdad que “asusta la prevalencia de las violencias (en hogares o en la vía pública): en el ámbito familiar y entre conocidos, las conflictividades que emergen en escuelas, en ámbitos laborales, en el tránsito. Mujeres, jóvenes y menores de edad, son los más pasibles de hechos de violencias yendo en aumento en los últimos años. Conforme a los tiempos que vivimos, prevalece la acción-reacción. Descolla la discapacidad contemporánea para controlar los propios impulsos, irrumpiendo la descarga desmesurada sin intermediación de la reflexión. En las psicodinámicas humanas coexisten dos circuitos que se retroalimentan: el poder de la realidad sobre el funcionamiento psíquico y la psique ejerciendo efectos modificadores sobre la realidad. Desde la prevención resaltaría entonces que es una cuestión de todos afanarse por un lazo social humanizado y humanizante. Entre otras particularidades, vivimos en una cultura con voracidad de poder. La obsesión por el poder desmesurado desemboca en una especie de “locura de dominio”. Se observan muchos sujetos obcecados por convertirse en amo del otro, con ‘derecho de propiedad’. Pero sabemos que ansias de poder/dominio y desamparo son dos caras de una misma moneda. Incapaces de hacerse admirar o estimar, muchos gustan de ser dominantes y temido”.

“No dejaría de considerar como una variable interviniente más las modificaciones del lugar del varón en la cultura al traer aparejado hoy correlatos socio-sintomáticos en cuanto a acrecentar dinámicas agresivas. Por lo que incluiría también el análisis sociológico de las vivencias profundas de desmasculinización del ser hombre en la actualidad. Representativas de nuestro tiempo simultáneamente han aumentado los trastornos límites de la personalidad, la disposición a las perversiones, el placer ante el sufrimiento del otro. Como rostros de una locura colectiva se estaría dando una desubjetivación, cosificación del semejante humano. Tal los trastornos de personalidad como cuestiones de mentes que se asocian a la malignidad, pérdida de cordura, lo inhumano escalofriante que compromete a otro humano en su condición de prójimo”, dijo.

Los violentos. Con este telón de fondo debemos abocarnos a rescatar a los violentos. “Como la categoría violentos engloba un vasto espectro, hay que tratar de identificar las variables intervinientes en cada quien. No existe una propuesta única como se pretende o desearíamos. Las sentencias judiciales no por más severas tienen superior efecto disuasivo. Las condenas no por más duras tienen mayor efecto persuasivo. La clave está en qué le ocurre al sujeto durante el transcurso del cumplimiento de una condena privativa de libertad. Ahora bien, la sola acción punitiva como con hipocresía se proclama resulta completamente inútil; es más, diría que malogra toda prognosis auspiciosa. El tiempo de privación de libertad es una oportunidad indesperdiciable para propiciar que el individuo haga el pasaje de sujeto condenado judicialmente a sujeto paciente, que registre que algo no anda bien en su funcionamiento psíquico. En distintos países se han ensayado diferentes alternativas tratamentales pero, en verdad, ninguna puede considerarse exitosa”, explicó.

Para finalizar, Iacuzzi dijo que “ocurre que cuando se pretenden hacer generalizaciones todo esfuerzo tratamental está destinado a fracasar. Desde mis convicciones psicoanalíticas, sostengo que se debería proveer a cada condenado el abordaje clínico-psicoterapéutico específico, personalizado desde el colegir la problemática profunda de cada quien. Este punto de partida personalizante es nodal para el tejido del procedimiento terapéutico acorde a su realidad psíquica y su psicodinámica de fondo. No obstante, cae de maduro que no va de suyo que todos logren revertir sus tendencias patógenas pero sí se atemperarían los alarmantes guarismos de tendencia a la reincidencia. Acorde a mi experiencia de campo, enfatizo que no pareciera existir plena y unánime conciencia de situación y/o que no brota una cabal intencionalidad de tomar en serio la grave problemática. Además de cárceles para alojarlos, sería pertinente e imperioso que haya profesionales suficientemente vastos, recursos humanos avezados que alberguen todas y cada una de las peculiares locuras dela psique que como sociedad a través de sus instituciones, familia, escuela, fue capaz de gestar y no supo contener a tiempo. Por ello, abogaría no subestimar la imperiosidad de dotar a las penitenciarías de los profesionales idóneos para arribar a algún porvenir comunitario de la condición humana más esperanzador para la humanidad”.

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