Parque Patricios volvió a cantar por la vuelta de la mano de Cappa mientras, en la cancha, un Argentinos de papel no sabía cómo detener a un rival agrandadísimo.
Aun así, Argentinos tuvo un rato en el que supo mejor lo que tenía que hacer. En realidad, daba la sensación de que Huracán se había quedado lamentando aquellas dos lejanas chances del principio. Es que antes del minuto y medio ya podría haber estado ganando por Defederico o Nieto. Y esa furia inicial se fue extinguiendo mientras Argentinos se acomodaba y se amigaba con la pelota que tanto parecía despreciar al principio. Y en su primera llegada falló Goltz, metió un buen centro Quiroga y empujó Hauche. Fue la confirmación de que la esencia futbolística de Huracán no era la que había sabido enamorar a propios y a algunos extraños también. No porque sufriera un gol sino porque estaba lejos de generar algo. Pero lo salvó una patriada de Arano. Y cuando empezaba a confundirse nuevamente en el segundo tiempo, lo salvó Bolatti.
Ahí sí, Pastore empezó a dar elegantes pases de baile y habilitaciones para acá y para allá. Toranzo entró y se sumó al baile, el Maestrico mantuvo su línea y Nieto transformaba en cuadradas todas las pelotas que le llegaban. Con un Nieto apenas regular, las cifras podrían haber sido para el guinness. Argentinos, además de haberse rendido en ataque, regalaba en defensa... Y así...
¿Puede soñar Huracán como sueña su gente? Por un lado, no. Ayer mostró ser un equipo dependiente de sus futbolistas más que de sus recursos colectivos. La pelota pasó poco por el cinco. Atrás dio facilidades. Y por otro, sí. Va a buscar los partidos, y va en serio. Tiene jugadores desequilibrantes. No hay equipos maravillas... ¿Entonces? Que vaya y juegue...
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