Una huelga general en contra del ajuste paralizó a Bélgica

Una huelga general en contra del ajuste paralizó a Bélgica

Los gremios se oponen a un recorte de gastos por 11.000 millones de euros que impulsa el gobierno de derecha.

 

Bélgica se paralizó ayer por el éxito de una huelga general en protesta contra el ajuste que pretende aplicar el gobierno de coalición formado hace apenas dos meses.

Se paralizó todo. No hubo transportes urbanos ni trenes, se cerraron puertos y aeropuertos, no funcionó la Administración pública, ni las escuelas, la industria y la gran distribución. Los hospitales sólo atendieron urgencias y el único sector con cierta actividad fue el comercio minorista. Grupos de camioneros bloquearon con intermitencia las entradas de las grandes ciudades.

Los sindicatos celebraron su éxito y el gobierno del premier Charles Michel se ve un poco más presionado desde la calle. Michel formó hace dos meses una coalición conservadora que tiene problemas desde que arrancó. La forman los liberales francófonos y flamencos, los democristianos flamencos y, por primera vez, los independentistas y xenófobos de la NVA flamenca. De este último partido es el ministro del Interior, Jan Jambon, que ya defendió a los que colaboraron con los nazis en la Bélgica ocupada de la Segunda Guerra Mundial.

Los belgas miran al sur de Europa, ven que su gobierno copia el ajuste y empiezan a tener miedo. El ejecutivo, que ayer dijo que no rectificará, planea aprobar un ajuste de 11.000 millones de euros en cinco años que afectaría al gasto sanitario, educativo, cultural, de transportes y de políticas sociales. Sólo se sustituiría a uno de cada cinco empleados públicos que se jubilen. Además, aumentaría la edad de jubilación dos años hasta los 67 y eliminaría la “indexación”, el sistema que hace que salarios, rentas, alquileres, etc., suban al menos al ritmo de la inflación. Una devaluación interna, como la que se hace en España, para reducir salarios y precios y que el país gane competitividad frente al exterior. La Comisión Europea aplaude el ajuste (aunque esto ya es parte del paisaje europeo) porque la deuda pública belga está en el 105% del PBI y el gasto público llega al 54% del PBI.

El líder de la NVA, Bart De Weber, oficialmente alcalde de Amberes pero por el absoluto control de su partido el verdadero hombre fuerte en Bélgica ahora mismo, cargó contra los sindicatos, a los que acusó de querer tumbar al gobierno y de hacer una “huelga política”.

El ajuste duele mucho en un país que tradicionalmente se gestionó desde el acuerdo entre gobiernos, sindicatos y empresarios y que ve ahora cómo el ajuste se impone casi sin negociar. A las empresas se le reducen gastos eliminando la “indexación” y además pagarán menos cargas sociales por cada trabajador.

Bruselas es la tercera región más rica de Europa tras el centro de Londres y Luxemburgo. Pero a la vez tiene un 34% de pobreza, un desempleo en el 20% que se dispara hasta el 50% en algunos barrios y un sistema educativo disfuncional que castiga a los niños de familias pobres e inmigrantes, mientras genera una pequeña franja de población muy bien educada. Los sindicatos denuncian que esos sectores pobres serán los más perjudicados por el ajuste.

Michel dijo que quiere relanzar el diálogo con los sindicatos, pero dejó claro que no cederá en cuanto a los grandes ejes de su política, que –según dice– es la única capaz de reducir el déficit y reactivar la economía. Ayer, recibió el apoyo del Fondo Monetario Internacional, que aplaudió la inclusión de medidas como el aumento de la edad de jubilación.

Durante la jornada, los piquetes formados desde la madrugada a la entrada de las empresas dieron un aspecto de “ciudad fantasma” a varias zonas comerciales o industriales. Igualmente hubo algunos incidentes esporádicos, en particular en Charleroi (sur), donde un automovilista exasperado embistió contra un piquete e hirió a tres sindicalistas, según la prensa local. En Bruselas, hubo altercados entre la policía y manifestantes.

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