Finalmente la plata comenzó a llegar ayer a los cajeros automáticos. Sin embargo no a todos por igual. Primero la recibieron los bancos públicos (Municipal, Provincial y Nación) y luego más lentamente las sucursales de los privados. Aún así, durante toda la jornada la gente hizo largas colas para poder extraer el dinero. Los bancos también estuvieron llenos: cobraron los jubilados y se pagaron muchos impuestos.
Con todo, luego de más de una semana de dificultades para extraer dinero de los cajeros automáticos, hubo un respiro. La partida de billetes del Banco Central prometida la semana pasada llegó a Rosario y la gente pudo acudir a retirar su plata.
Ayer a la mañana, la fila de gente frente al banco Nación de San Martín y Córdoba se extendía a lo largo de casi 100 metros. Muy cerca, en el banco de Santa Fe, recién a las 11.30 se repuso el dinero en el cajero y había gente que hacía al menos dos horas que esperaba afuera. Las colas eran de media cuadra por cada una de las entrada de la entidad. Una situación similar se vivió en el banco Municipal (San Martín 730) donde la fila era larguísima, pero adentro del banco.
Por contraste, y para el desconcierto de los rosarinos, algunos bancos todavía no tenían dinero. Es más, recién cargaron sus cajeros a la tarde.
El Credicoop, el banco de Córdoba o el HSBC no contaban con efectivo al mediodía de ayer. El dinero apareció por la tarde y rápidamente se armaron colas de gente.
Pero en otros no había nada. “No hay plata”, se quejaba un joven al salir de la sucursal del banco Macro, en Santa Fe y Mitre. Sin embargo, sí se podría retirar en la casa central de San Lorenzo y Corrientes. En otras entidades, como el Galicia o el Supervielle, cerca de las 16 se colocaron carteles donde se leía “estamos reponiendo”. Mientras, la gente esperaba afuera.
Impuestos. La llegada de dinero coincidió con el vencimiento de los impuestos. Y a las extensas filas para retirar el efectivo se unían otras, de quienes iban a pagar las tasas.
El efectivo también llegó para los jubilados, que recibían su sueldo en una ventanilla y, a su vez, pagaban los impuestos por la otra.
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