Familias con numerosos integrantes y reticencias a responder a las preguntas de los encuestadores fueron los puntos salientes de la jornada del Censo Nacional en el Valle de Lerma.
En las Quebradas de Chicoana, parajes como Las Zanjas y San Martín, distantes a uno 50 kilómetros de esta localidad, los encuestadores iniciaron su labor el fin de semana pasado, donde muchos pobladores estaban trabajando en los campos; los separaban varias horas de caminar y andar en el lomo de los caballos cedidos por los lugareños.
En la zona conocida como El Cruce, en la jurisdicción de Rosario de Lerma, alejado en alrededor de 30 kilómetros de esta ciudad, los censistas demoraron tres días para recabar los datos en la planilla de la encuesta de tan sólo dos familias. “El docente debió pernoctar en la casa de una de estas familias y al otro día salir a buscar la otra vivienda. Con voluntad se logró el objetivo de llegar a todas las zonas rurales y de los cerros”, comentó Angélica Villalba, una de las jefas de fracción del departamento Rosario de Lerma.
En otras zonas como en la pre-cordillera de Campo Quijano, sobre la ruta nacional 51, y los caminos provinciales, algunos docentes tuvieron el apoyo de vehículos del municipio de Quijano y otros se movilizaron por sus propios medios.
“Como el censo para las zonas de los cerros comenzó el sábado pasado, durante la semana escolar, en las escuelas donde habían dos docentes, se desdoblaron los esfuerzos, habida cuenta de que uno de los docentes campeaba la zona y el otro impartía clases a sus alumnos”. En las zonas rurales cercanas a los núcleos urbanos se demoró el censo debido que a muchos trabajadores se los obligó a concurrir a los campos a seguir sus tareas, aunque se había advertido de las sanciones. A pesar de este escollo, los censistas cumplieron su tarea, con estos trabajadores y sus familias.
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