"La misma revista británica Telegraph se preguntaba sobre nuestros aviadores: “¿Quiénes eran estos indómitos paladines de las pampas? ¿Qué los movía a ejecutar esos ataques contra los británicos con tanto coraje, casi fanático...?”
Existe una historia extrañamente oculta -o no destacada en su justa medida- sobre esta parte de nuestra historia, y es la que refiere a aquellos verdaderos héroes que arriesgaron y ofrendaron hasta su propia vida en pos del ideal de recuperar o defender nuestras islas.
En los libros de historia se menciona a la Primera Guerra Mundial como epicentro de los primeros combates aéreos, en esta página negra de la humanidad se destacó el legendario aviador alemán Manfred Von Riehthfon (el “Barón Rojo”) por su audacia y coraje, pero también se menciona a la última guerra donde los aviadores pelearon “face to face” (cara a cara) con el enemigo. Esta fue la Guerra de Malvinas donde los pilotos argentinos –jóvenes muchachos de entre 23 y 25 años- realizaron hazañas que aún hoy son destacadas por los mismos ingleses.
En la actualidad podemos ver que, con los modernos equipamientos del siglo XXI, los aviones cazas disparan sus misiles de hasta 80 Km del objetivo y guiados por la tecnología satelital el misil ingresa por el hueco de un ventiluz.
Quienes son el blanco escucharán, en ese último trágico instante, el zumbido del misil, pero no el ruido del avión que ya se encuentra de regreso a su base antes que impacte su descarga mortífera. Pudimos apreciarlo en reiteradas oportunidades - vía la CNN - en la invasión a Irak.
Y es precisamente aquí donde debemos detenernos. La flota inglesa llegó a nuestras aguas del Atlántico Sur convencida de la débil o casi nula resistencia que opondrían nuestros aviadores. Las modernas defensas electrónicas de los barcos, sumado al apoyo satelital de Estados Unidos los hacía casi impenetrables.
Pero los hechos demostraron todo lo contrario.
Volando a diez metros sobre el nivel del mar penetraron las defensas e incursionaron a suma de coraje y técnica ocasionando daños impensados entre las fuerzas invasoras. Desde la maestría de un Boeing 707 esquivando a dos misiles Sea Dart lanzados desde los destructores misilísticos HMS Cardiff y HMS Bristol con maniobras fueras de todo manual, hasta la impertinencia de realizar ataques devastadores o dignos de un film de Hollywod; como el caso del Teniente Fillipini quien, por atacar volando tan próximo al barco enemigo, le pegó con la punta de su ala a la antena del barco enemigo (el HMS Argonaut).
La misma revista británica Telegraph (nº 485) se preguntaba sobre nuestros aviadores: “¿Quiénes eran estos indómitos paladines de las pampas? ¿Qué los movía a ejecutar esos ataques contra los británicos con tanto coraje, casi fanático...?”
Los casos de extrema valentía de nuestros jóvenes ocuparían carillas enteras para describir en detalle a estos “insolentes aviadores criollos” pero sólo basta como ejemplo el resumen presentado por el Departamento de Defensa de Gran Bretaña (Captain -RAF- Patrick Tootal) donde expresa que ocasionaron daños a la Argentina por 148 millones de dólares, pero a su vez reconocen daños en sus fuerzas por casi 2.000 millones de dólares, lo que, considerando el valor de un avión Dagger/Skyhawk en 1982 como de 2 millones de dólares, equivaldría al derribo de 1000 (mil) aviones ingleses.
En los últimos 25 días de conflicto, con los ingleses ya ocupando las costas de nuestras islas, el derribo de nuestros aviones llegaba al 50 % de los integrantes de cada salida. Sin embargo, quienes sobrevivían a la misión de la mañana, volvía a despegar a al mediodía, y si era necesario –y si seguían con vida- nuevamente a la tarde. Jamás una palabra de rebelión o cobardía de estos argentinos que marcaron a fuego a una de las potencias militares más importantes de nuestro planeta.
Cada cosa en su lugar, la memoria y los cuerpos de estos aviadores que se encuentran enterrados en aquella lejana tierra argentina, así lo ameritan.
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