En pleno recorrido del micro, Ariel Ibáñez actuó con determinación para evitar que una beba de un mes que era amamantada se ahogara. Dice que le sirvieron los cursos de primeros auxilios.
El caso se enmarca en un contexto del transporte público de pasajeros que no viene dando buenas noticias, con quejas frecuentes de pasajeros por el mal servicio y, del lado de los los trabajadores del volante, muchos casos de ataques a ómnibus y a choferes de línea.
El suceso que protagonizó Ibáñez ocurrió alrededor de las 19.30 de aquella jornada de sábado. La unidad que manejaba Ariel circulaba por pleno centro, en la calle Patricias Mendocinas. Al llegar a Colón comenzó a escuchar voces de alarma y pedidos de auxilio desde el fondo del coche.
Allí viajaban, en medio de muchas personas, Pilar Hernández, su pequeña hija Kiara Maresca y la abuela de la criatura, Teresa Hernández (37). La joven había estado amamantando a la niña, quien comenzó a experimentar síntomas de asfixia tras la ingesta de la leche materna.
Las demandas de ayuda se incrementaban y Ariel, que estaba haciendo su penúltima vuelta, vio el cuadro por el retrovisor. Estacionó el vehículo a un costado de la arteria, puso las balizas de precaución y prácticamente saltó por encima del motor del vehículo, para dirigirse a la parte trasera del ómnibus.
"Todo duró unos 3 minutos. La madre repetía ?¡La beba no respira, se está muriendo'!. Le grité con determinación que me diera a la bebé, y a los demás les pedí que se quedaran callados. Le empecé a hacer maniobras, masajes en realidad, para que volviese a respirar. Tenía los ojos cerrados y un color morado en su rostro. En el tercer intento, la pequeña tiró flema por la boca y reaccionó. Enseguida largó el llanto... fue un momento muy especial".
El chofer contó que permaneció sosteniendo un par de minutos más a Kiara, ante el alivio de la madre, la abuela y el resto de los pasajeros.
Hubo entonces una pequeña deliberación general, porque había que determinar si se llevaba a la chiquita a un hospital, y en ese caso era necesario cambiar el recorrido. Finalmente, ante la recuperación de la beba, la madre optó por llevarla ella misma al médico.
Ariel comentó que los demás pasajeros lo felicitaron por su acción, y más de uno ponderó la decisión que tuvo al actuar. "Reconozco -dice ahora en la tranquilidad de su hogar- que una fuerza superior me guió para que hiciera los movimientos adecuados y todo saliera bien".
Reconocimientos
El hombre -que hace sólo 9 meses que trabaja como chofer de micros- explicó que pese al conmocionante momento vivido, él no dijo nada a sus superiores. Pero la gente reaccionó por su cuenta, llamando al control de la línea para expresar su reconocimiento y a los medios de difusión.
A tal punto mantuvo anónimo su proceder que su propia esposa, Noelia Loyola (35), se enteró a la mañana siguiente viendo la televisión: "Como sé con quién estoy casada, la noticia me hizo llorar de alegría y sentirme orgullosa de mi marido", cuenta a Los Andes.
Pero al reconocimiento de su familia, sus compañeros de trabajo y los mendocinos en general hay que agregar uno en particular, quizá el más especial: la familia de la beba le ofreció ser el padrino de Kiara, lo que él aceptó gustoso.
El conductor del Grupo 5 reconoce que además de "la decisión que se puede tener o no en un momento así", le sirvieron los cursos de entrenamiento y primeros auxilios que recibió en la empresa en la que ahora trabaja, General Roca, y que también tomó en la transportadora en la que antiguamente se desempeñaba.
Una de las pasajeras, Pasquina Ginato, le escribió una felicitación por escrito, la enmarcó en un cuadro y se lo regaló. Es uno de los objetos que adornan el living del hogar de este héroe popular.
Ariel, quien hoy cumple 39 años de edad -justo el día en que será reconocido también por el Gobierno (ver aparte), había trabajado en una compañía que lleva a operarios de yacimientos petrolíferos a sus lugares de trabajo y a los que se llega tras largos recorridos.
Hace un año y medio que el solidario conductor vive en el barrio Covitpa (de los empleados aeronáuticos), en Villa Nueva. En su cuadra ya es un personaje que despierta orgullo. Como el que siente él por su familia, compuesta además de por su esposa por sus dos pequeñas hijas: Martina (4) y Catalina (2).
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