Horror en Los Hornos: la violó y le robó cuando bajó del micro

Horror en Los Hornos: la violó y le robó cuando bajó del micro

En 60 y 142, le apuntó con un arma. La obligó a caminar abrazados, “como si fueran novios”. La atacó en un obrador 

La rutina cotidiana no anticipaba ningún tipo de problema: después del feriado del miércoles, a una chica de 19 años le tocó volver a trabajar el jueves. De allí salió alrededor de las 20.30. Y emprendió el viaje en micro desde Gambier hacia Los Hornos, rumbo a la casa de su novio. La joven se bajó en 60 y 137, una de las esquinas con más tránsito de la localidad. Sin embargo, muy cerca de allí la terminó emboscando un violador. La víctima caminó por 60 hasta que en la esquina de 142 se le cruzó en el camino un hombre que primero la amenazó con un arma. La chica se asustó porque intuía que estaban a punto de robarle, pero lo que le deparaba era todavía peor. El sujeto le dio la orden de simular que en vez de un delincuente él era su novio. Por eso, la obligó a ir caminando a la par suyo y abrazados. perversion discreta El objetivo doble del abusador estaba claro: no quería levantar sospechas en el tramo largo que al parecer tenía planeado caminar, y, de paso, mantener bien cerca a su víctima, evitando que intentara fugarse a la carrera. Su plan funcionó, porque en las más de 15 cuadras que ambos recorrieron a pie hasta el lugar donde se concretó el ataque, nadie advirtió nada raro. Ni siquiera una mirada desesperada de la joven, en la que alguien pudiera leer que pedía auxilio sin decir nada. Claro está que el frío hizo lo suyo para “cooperar” con el violador: “No escuchamos nada ni vimos a ninguna chica pidiendo ayuda una vez que todo terminó. En la calle no andaba nadie y por eso debe haber sido que no la pudieron ayudar”, especuló una mujer que vive en la zona donde ocurrió el abuso. El corolario de esa perversión discreta dio lugar a que el delincuente lograra hacer entrar a la chica a una obra en construcción ubicada en la zona de 148 y 49, según indicó una fuente policial. Dentro de ese lugar fue que la abusó sexualmente. Lo que no se sabe es si el sujeto sabía de antemano que allí tendría un sitio sin testigos o si en realidad improvisó y eligió ese recinto después de haberse asegurado que nadie lo iría a descubrir. Una vez que el ataque sexual terminó, el abusador tuvo la frialdad de no dejar rastros que facilitaran la tarea de la Policía. En ese plan, “le sacó el celular pero le devolvió el chip y la tarjeta de memoria”, dijo un vocero del caso. Al parecer, el violador conoce a la perfección que mediante esas placas podrían rastrearlo. El colmo fue que a la joven también le robó la plata que tenía en la billetera: apenas 25 pesos. La pesadilla terminó cuando los dos salieron de la obra en construcción, caminaron una cuadra y el depravado liberó a la víctima. Una vez que logró recomponerse de semejante agresión, la joven tomó coraje y denunció todo ante el gabinete de Delitos Sexuales de la DDI local. Sus palabras motivaron el inicio de una causa por “abuso sexual con acceso carnal y robo”, en la que ya está trabajando la UFI Nº 4, a cargo de Fernando Cartasegna. En una semana, este fue el tercer expediente de esta índole que se abrió en esas oficinas (ver Recuadro). Por las características del delito que se investiga y por la dificultad que implica que el agresor no esté identificado, los detectives no saben cuánto podrían tardar en esclarecerlo. Algo parecido ocurre con las secuelas del ataque, que tendrán una duración muy difícil de establecer.

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