La hora de Ramón

La hora de Ramón
El Pelado se somete a un veredicto Monumental, similar al que vivió Bianchi en la Bombonera hace siete días, pero además de la respuesta de los hinchas necesita un triunfo ante San Lorenzo para cortar el tiempo de crisis.

Se lo toma con “je”. Se muestra relajado, confiado, seguro. Dice que no necesita el apoyo de la gente “en un partido” porque los hinchas le demuestran “cotidianamente” que lo bancan. Pero la situación de Ramón Díaz no es ninguna joda, porque esta tarde se somete a una mesa de exámenes en un Monumental caliente. Está como los chicos que deben materias del año pasado y necesitan aprobar en marzo para no repetir. El Pelado arrastra el aplazo del 17° puesto del último semestre y las notas en rojo de las derrotas ante Godoy Cruz y Colón. Todos esos “recuperatorios” tiene que empezar a rendir el entrenador a partir de las 18.15 contra San Lorenzo, delante de más de 50.000 hinchas ansiosos por recuperar la ilusión, y frente a las miradas agudas de D’Onofrio, Francescoli, Alonso y una dirigencia completa que ya le cuenta cada una de las manchas. Es la hora, es la hora... Es la hora de Ramón.

Es cierto que cuenta con el amor incondicional de los fanas millonarios, pero hasta la pasión más fuerte y pura recibe reproches y sufre grietas. En el torneo Inicial, el riojano se expuso a un plebiscito popular ante Argentinos y el veredicto del Monumental fue más frío que cálido: ese 1° de diciembre no hubo cantos masivos de apoyo ni ovaciones, en una evidente muestra de que, a fin de año, parte de la tribuna lo miraba de reojo por la pésima campaña del semestre que finalizaba. Ahora la situación es similar, porque el hincha necesita respuestas inmediatas, precisa revivir las alegrías del pasado en el presente y no tiene paciencia ni argumentos sólidos para confiar en el tiempo. La relación se fue desgastando por los malos resultados y justo se cruza en el camino San Lorenzo, que cumplió el papel de un tercero en discordia o amante pasajero durante la transición que vivió la década pasada el amor entre River y el técnico más ganador de la historia del club.

Nadie le puso plazos y la soga aún no le aprieta el cuello, aunque el presidente ya le dejó la puerta abierta: “Si le va mal, Ramón solo va a dar un paso al costado”. Igual que Francescoli, quien aclaró que “River no puede jugar como lo hizo en Santa Fe”. El mensaje llegó y el DT tomó medidas: extendió la duración y la intensidad de los entrenamientos, incrementó los trabajos tácticos, castigó a Pezzella y a Ponzio por el desastre ante Colón, decidió volver a apostar por la sociedad Ledesma-Rojas para recuperar el control del juego en el medio y, ante el imprevisto de tener que reemplazar de urgencia a Mammana, retornaría a la clásica línea de cuatro. Es obvio: pese a manifestar que no necesita el apoyo de la gente en un partido, el Pelado sabe que su tiempo empezó a correr y que debe cambiar ya la imagen y los resultados. Está como Bianchi hace siete días. La Bombonera latió y respondió a favor del pelado de La Boca. Hoy le toca vibrar al Monumental para dictar su sentencia. D’Onofrio incentivó a la gente para que le demuestre todo su cariño al prócer riojano, y Enzo desea un recibimiento tan emotivo como el que tuvo el pelado de Boca en su momento más crítico. Es la hora de ganar, para volver a soñar en grande. Pero, sobre todo, es la hora de Ramón.

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