Apenas diagnosticado el tumor pulmonar que lo afectó en el vientre materno, le sugirieron a sus padres "despedirse". Hoy ya tiene el alta.
Pero el destino lo puso a prueba cuando en el séptimo mes de embarazo una ecografía le diagnosticó una malformación muy rara, denominada tumor pulmonar fetal, que afecta a aproximadamente uno en 10 mil nacidos vivos.
Claro que para ese entonces el nombre de este "luchador" ya estaba decidido y supo hacerle mérito: a sus padres les habían sugerido despedirse de su hijo, pues prácticamente no hay registros de sobrevida en cuadros similares.
Pero León quería vivir. Nació el 20 de agosto, dos meses antes de la fecha estimada de parto, y debió ser intervenido antes, durante y después de llegar al mundo.
Tal era su estado de gravedad que por primera vez en la historia del Hospital Penna se debió improvisar un quirófano en el área de Neonatología, ya que trasladarlo se tornaba un riesgo que se sumaba a los que ya padecía.
Pero los días fueron transcurriendo y su evolución nunca se detuvo, acaso merced al amor incondicional de sus padres, Rosana Pianciola y Ramiro González, que nunca se alejaron de su lado, y de un equipo médico que, según su mamá, logró hacer un milagro.
En las últimas horas, León fue dado de alta y hoy ya está en su hogar del barrio Universitario, de donde debieron salir de urgencia a fines de agosto y apurar el parto.
"Todo me tomó desprevenida, porque recién el 5 de octubre tenía fecha para que naciera. Nunca me imaginé lo que sucedió y a la vez sentimos una alegría indescriptible de estar en casa nuevamente", dijo ayer Rosana, orgullosa, con su bebé en brazos.
Ella misma también es un milagro
El 29 de julio de 2011 un Accidente Cerebro Vascular (ACV) hemorrágico la llevó al borde de la muerte. El proceso de recuperación fue, y lo sigue siendo, lento, pero sin dudas la noticia del embarazo representó todo un aliciente, un motivo más que valedero para querer seguir luchando.
El llanto que alegra. Todavía emocionada por el alta y agradecida infinitamente al equipo de cirujanos que operó al bebé, y a quienes lo asistieron en Neonatología, reflexionó ayer que los logros fueron "compartidos".
"Escucharlo llorar es un sueño, una felicidad inmensa. Mientras estuvo intubado no se oía su llanto y eso me angustiaba", dijo.
Días atrás, en el propio hospital, su marido y ella rememoraron todos los capítulos que los llevaron hasta este presente.
"Apenas recibido el diagnóstico, el médico fue muy claro al hablarnos: si no operaba al bebé para extraerle la mitad de su pulmón, es decir, la zona afectada, simplemente se moriría. Nos pidió autorización y accedimos. No había otra escapatoria", rememoró Ramiro.
"Es increíble lo que ha aguantado. Es un luchador. De no poder siquiera pesarlo, estabilizarlo, pasó a estar muy bien. Hay profesionales que tienen coraje, sabiduría, autoridad, creatividad y bebés que son verdaderos luchadores, como León", coincidieron.
El Hidrops Fetal que afectó al bebé es lo menos frecuente. Su quiste adquirió gran tamaño, desplazó al corazón y comprimió el esófago, la vena cava y la arteria aorta. Esto generó varios problemas: como el feto no podía deglutir por la compresión esofágica, el líquido amniótico se acumuló y engañó al útero, que percibió un embarazo de término, comenzando el trabajo de parto antes de tiempo. Por otra parte, la compresión de los vasos principales del tórax generó acumulación de líquidos en todos los tejidos del feto por insuficiencia cardíaca. La piel de León estaba engrosada por la acumulación de líquidos. Su abdomen también presentaba líquido y sus intestinos flotaban en el mismo.
Esto, sostuvo el cirujano Javier Svetliza, pudo haber sido el paso previo a la muerte.
Pero hoy León está en su casa.
Comentá la nota