Honda preocupación de la Iglesia por la violencia de género y el abuso sexual de menores

Honda preocupación de la Iglesia por la violencia de género y el abuso sexual de menores
Monseñor Francisco Polti, consideró que se trata de una “sangrante realidad del mundo actual”, que golpea con fuerza en la provincia.

El crecimiento sostenido de los casos de maltrato hacia las mujeres y abusos sexuales contra niños que se registra en nuestra provincia en los últimos tiempos, preocupa profundamente a la Iglesia santiagueña, al punto que el obispo diocesano, monseñor Francisco Polti, consideró que se trata de “una sangrante realidad del mundo actual”, y lamentó las connotaciones y las consecuencias que acarrea esta situación.

“La violencia contra las mujeres es una sangrante realidad en el mundo actual, y no sólo en países o sectores sociales poco desarrollados. Una realidad que tiene una expresión muy concreta en los malos tratos físicos y con mucha frecuencia en la muerte de mujeres a manos de hombres que, en muchos casos, son o han sido su pareja. Cuando la violencia en contra de la mujer es tolerada, puede ayudar a preparar el escenario para actos violentos en contra de otros grupos también”, analizó el prelado consultado por EL LIBERAL.

Según las publicaciones del pasado mes de septiembre, entre hechos de violencia contra mujeres y abusos sexuales a menores, la Justicia local debió actuar en 27 casos, aunque según fuentes de la Comisaría del Menor y la Mujer, a diario se reciben al menos dos denuncias por malos tratos, que no llegan a tomar estado público.

“Por lo general salen en los medios los casos más resonantes o más aberrantes, pero diariamente vienen mujeres a denunciar que han sido golpeadas por sus maridos o sus concubinos, y hay quienes después vienen y levantan la denuncia cuando les piden disculpas”, reveló la fuente consultada.

Repercusiones

Monseñor Francisco Polti, analizó que “la violencia en contra de la mujer en el hogar tiene particularmente serias repercusiones”, y mencionó que “cuando es una madre y la violencia es llevada a cabo delante de sus niños, se crean las condiciones en el ambiente para un ciclo de violencia que puede ser transmitido de generación en generación”.

“Los especialistas enseñan que la violencia es un comportamiento aprendido. En algunos casos, los hombres que cometen el abuso y las mujeres que son abusadas han crecido en hogares donde ocurría la violencia. En una situación semejante, un niño puede crecer creyendo que la violencia es un comportamiento aceptable; los niños aprenden que ésta es una forma de ser poderosos. Estos profesionales sobre el abuso dicen que el niño que ha crecido en un hogar presenciando abuso físico está más inclinado a utilizar la violencia en su propia familia. Al mismo tiempo, un muy bajo porcentaje de los hombres que crecieron en hogares con abuso físico prefirieron no usar la violencia”, consideró.

Desde la perspectiva cristiana, dijo Polti que “la violencia de género tiene su mejor antídoto en el reconocimiento de la igual dignidad de todas las personas, hombres y mujeres”.

“Esta afirmación de la dignidad de cada persona está en la entraña misma del mensaje de Cristo, como ha recordado Juan Pablo II en su carta apostólica Mulieris Dignitatem: ‘el mensaje anunciado por Jesucristo, en un contexto en que la mujer está marcada por la herencia del pecado humano y con cuyas consecuencias se le obliga a cargar muchas veces, manifiesta inequívocamente un universo de normas y valores en el que el reconocimiento de la dignidad de la mujer es condición para reconstruir las relaciones de reciprocidad entre varón y mujer, queridas por Dios e inscritas en la naturaleza humana (cfr. n.n. 12-14)’”.

Y aseguró que por ello, “la principal aportación de la Iglesia en este sentido será redoblar los esfuerzos para invitar a las familias a educar para el amor desde claves cristianas y humanistas, para entender que amar supone preocupación activa por la vida y el crecimiento de quien se ama, pero que eso no se debe confundir con dominación, explotación o posesividad, porque tiene que ser compatible con un absoluto respeto a que la otra persona crezca y se desarrolle tal como es, ejercitando su libertad”

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