Durante la pasada celebración mariana el Obispo de nuestra diocesís Monseñor Héctor Sabatino Cardelli llamó a reflexionar el rol de los cristianos en su compromiso con la iglesia. Además reflexionó sobre las palabras del Santo Padre Francisco en su mensaje al pueblo catolico donde invita a “mimetizarse” con la palabra de Cristo.
Amor esponsal
Acerca de nuestra obligaciones en la sociedad expresó: “Si revisáramos las obligaciones de estado, yo como consagrado, los que están unidos en matrimonio, quienes tienen hijos, cómo estamos viviendo este estado que si bien hemos elegido, es una vocación que Dios nos dió, cada uno lleva adelante esa misión, esa vocación. El ser consagrado me convoca a un estilo de vida: pobreza, obediencia, humildad, al servicio, a la escucha, a la generosidad de corazón. Y cuando me pongo a revisar esas conductas, gracias a Dios, encuentro momentos que me estimulan y me ponen muy feliz. Pero también encuentro momentos donde eso no me pasa. Siento que no estoy testimoniando aquello para lo cual estoy llamado.
También podemos revisar cómo es tu conciencia con respecto a tu vocación espontánea. El amor esponsal: cómo está cuidado, protegido, alimentado. El amor esponsal es un amor exclusivo de un esposo con una esposa. No se compara con ningún otro. No es lo mismo ser un buen padre o una buena madre. O cómo es el amor de paternidad, de maternidad o cómo es el amor de servicio que brindo como jefe de una comunidad, de una empresa…
El rol, la misión que cada uno de nosotros tiene como cristianos y como miembros de la sociedad. No puedo ser miembro de una sociedad y tener el hábito del robo. No puedo dirigir a nadie si yo usufructo este rol para beneficio personal. Menos aún puedo decir que soy cristiano” .
Mirarse a uno mismo
“Y ahí comenzamos a entrar en una Iglesia que se mira hacia adentro y que dice : “si quiero ser verdaderamente un testigo de Cristo, tengo que hacerlo por fuera y por dentro. Tengo que buscar esa unidad entre lo que soy y lo que hago. Y esto no es muy fácil. No digo que cuando no lo hacemos obremos con mala voluntad. A veces nos falta la reflexión, el conocimiento personal, la introspección, el examen de conciencia para conocernos cómo somos. Porque éste es un trabajo puramente personal.
Más de una vez hemos sentido “una corazonada”. Pero después es como la arena que se la va tragando el agua. La arena va absorbiendo esa corazonada y quedamos con un desierto. No produjo, no se concretó. ¿No me habrá ayudado Dios? ¿O será por la falta de generosidad, de compromiso, de continuidad, de crecimiento de mi parte?.
Estas cosas desembocan en una puerta ancha que lleva a un camino ancho. Estamos llamados, pertenecemos a la Iglesia. Nos llamó, nos convocó, somos miembros de Él, somos bautizados y depositarios de la gracia de Jesucristo. Pero después nuestra fertilidad es como que va disminuyendo. Si ponemos una bolita en la parte más alta de un plano inclinado y la soltamos, no tiene otra salida que precipitarse corriendo por la pendiente hasta que se estrelle. Y este ejemplo puede servir un poco para nuestra vida espiritual, porque si no comenzamos a parar cuando nos damos cuenta que nos está avanzando la mundanidad, cuando me empiezo a dar cuenta que vivo como uno que no cree, que tengo las conductas de quienes no tienen los sacramentos que tenemos nosotros, cuando me visto como una persona que le interesa más exaltar los valores del mundo que los espirituales, cuando modifico la balanza, cuando no respeto la opinión del otro, ni las leyes de tránsito, por ejemplo; entramos en un mundo donde ser cristiano no luce. Y ahí abrimos la puerta chiquita decididos a trabajar en ello” .
Virtud
Sobre la virtud dijo: “El otro paso es el ejercicio de la virtud. Ante esta mundanidad no se puede reaccionar sino practicando la virtud, que como decían los antiguos padres espirituales, es hacer lo contrario a lo que deseamos”, favoreciendo con ello a nuestros hermanos.
Renuncias a uno mismo. Jesús dice ‘el que me quiera seguir, renuncie a sí mismo’. El que no renuncia a sí mismo no puede seguirlo. Porque tenemos la herencia del pecado, que viene con nuestra naturaleza y no la podemos soslayar.
Estos son estímulos que nos despiertan la predicación y las conductas del Papa Francisco que son muy simples, muy accesibles, muy comprensibles, muy sanas y muy concretas.
No es todo rezar, sino es comprometerse con esta oración que hacemos o con esta lectura del Evangelio que predicamos.
¿Y qué tiene que ver esto con María?. Hoy estamos en una jornada mariana, ante la presencia de la bendita imagen que decidió decirnos: “En los mensajes de la Virgen no hace más que repetir que escuchemos a su Hijo, que lo tengamos en cuenta, que nos acerquemos a su Hijo, que imitemos el Corazón de su Hijo”.
Pidamos esta gracia a la Virgen que por su testimonio, por su ejemplo, por su presencia maternal, por su cercanía no sólo a la humanidad sino traerlo a Cristo a su condición humana; darle lugar a que Cristo se haga como nosotros, nos conceda esta gracia para que podamos parecernos cada vez más a Jesús”.

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