Que las cosas en el Ejecutivo municipal no están lo suficientemente calmas como Pablo Bruera pretendería no es asunto novedoso. El pluralismo que tanto pregonaron como construcción de alternativa política desata, una y otra vez, pugnas internas que dificultan la gobernabilidad.
El secretario de Gestión Pública, Jorge Campanaro impulsa la construcción de un busto del ex presidente Raúl Alfonsín. Lo hace a modo de homenaje de uno de los indiscutidos referentes de la Unión Cívica Radical. Hasta aquí, dada que salga de lo normal. El problema se generó por algunos “detalles” de dicho homenaje.
El primero de ellos es el lugar en el que Campanaro pretende colocar el monumento: en plaza Moreno, nada menos que al lado del que recuerda a Eva Duarte de Perón, Evita, la abanderada de los humildes, la jefa espiritual de la Nación.
Para el peronismo más fervoroso, levantar un monolito de Alfonsín al lado del de Evita sería admitir que uno y otro tienen rango similar. Que son próceres igualables. Que tienen tallas parecidas. Una herejía, en definitiva. “Esto es como querer comparar a Perón o Yrigoyen con San Martín, no resiste análisis”, afirman.
El otro dato de la iniciativa que desvela al justicialismo más puro del bruerismo es el invitado estrella -y lógico- que tendría el acto de inauguración del monumento que imagina Campanaro: nada menos que el mejor posicionado de los precandidatos a presidente que tiene hoy la UCR y el Acuerdo Cívico y Social, Ricardo (“Ricardito”) Alfonsín, el ahora hijo más famoso del caudillo de Chascomús.
Claro, en momentos donde el espíritu anti-K de Bruera vuelve a tomar impulso, la iniciativa seduce a cierto entorno del intendente. El problema es que, en los círculos pejotistas más puros, la situación es insoportable. ¿Alguien puede imaginarse la foto de inauguración del mentado busto, con Bruera y Alfonsín en el centro de la escena, y con el monumento a Evita casi como fuera de escena? Sin dudas, la iniciativa tendrá nuevos capítulos.


Comentá la nota