Esas mismas paredes que supieron resguardar la intimidad del Gitano durante cuatro décadas volvieron a recibir hoy, cuando el cantante cumpliría 65 años, todo el cariño. Esta vez, no hay quien retribuya tanto afecto, pero el homenaje sigue firme.
Desde muy temprano se fueron acercando al cementerio de Burzaco, donde descansan los restos mortales de Roberto Sánchez. Flores, pañuelos llenos de lágrimas, cartas y las inolvidables rosas rojas invadieron el parque.
Después de visitar Parque Gloriam, se aventuraron a la casa de Banfield, ubicada sobre la calle Berutti. Allí los esperaban esas paredes que hoy parecen grises. Tantas muestras de afecto y fidelidad, pero que no serán devueltas en esta oportunidad.
“Es la primera vez que venimos acá después de la muerte. Es muy triste todo, es raro, pero teníamos que estar acá”, explicó María, mientras depositaba una rosa roja en la puerta de la vivienda.
Las calles parecen desoladas, ya no reina allí esa aura mágica que supo convertir a esa simple casa en una fortaleza que le permitió resguardar su intimidad durante tantos años.
Más tarde, será la misa en la Iglesia Sagrada Familia de Banfield, el mismo barrio que lo vio convertirse en mito. Mujeres, nenas, llantos, recuerdos divertidos, anécdotas. No faltó nada de eso en la conmemoración a Sandro de América.

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