Por Javier RomeroEl año pasado, comenzó a asomar en los principales medios como una especie de gran esperanza blanca. Dentro del peronismo había un hombre que conocía como pocos los meandros del poder del más importante de los aparatos políticos de la Argentina y estaba dispuesto a dar batalla.
Las palmadas en la espalda lo animaron, y después de una charla a fondo con los capitanes de la industria, la Mesa de Enlace agropecuaria, con prohombres de la patria financiera y mediáticos, decidió lanzarse de cabeza. Y el 23 de diciembre, casi como un regalo de Navidad, anunció su candidatura presidencial.
Lo curioso es que, desde entonces, muy a su pesar, desapareció de escena. A pesar, también, de que su lugar en el mundo, el justicialismo, y en particular el bonaerense, está lejos de ser un mar calmo.
Nadie habla ahora de él, ni a favor ni en contra. Su otrora poderoso ejército se limita a un puñado de hombres y mujeres fieles, donde sobresale su mujer, la senadora Hilda "Chiche" Duhalde; sus ex ministros Carlos Brown y Antonio Arcuri, el ex legislador Osvaldo Mércuri, la ex diputada Marina Cassese y algunos concejales. Hasta los dos diputados bonaerenses que contaba como propios, Juan Garivotto y Gabriel Villegas, firmaron esta semana una solicitada que cantaba loas a los Kirchner.
En la columna vertebral del Movimiento, tampoco le va mejor. Sólo cuenta con el apoyo incondicional de dos gremialistas enrolados en la corriente renovadora sindical paleozoica, liderados por Luis Barrionuevo y Gerónimo "Momo" Venegas. Con las declaraciones de ayer, demostró que, lejos de amilanarse, quiere ir por la revancha.


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