Un hombre muerto fue el saldo de una noche violenta en el Confluencia

Un hombre muerto fue el saldo de una noche violenta en el Confluencia
Dos certeros disparos en la cabeza y en el tórax terminaron con la vida de José Oyarzo Lara, de 41 años. Su cuerpo fue hallado en calle Paimún. La Policía busca a los sospechosos del asesinato.

La violencia entre familias del barrio Confluencia tuvo su punto más álgido el jueves con el crimen de un hombre asesinado a balazos. Fue la última expresión de una cadena de tiroteos que estremecieron la tarde. El enfrentamiento entre grupos enemistados recrudeció hacia la noche. En esa escaramuza fue abatido uno de sus protagonistas. Su nombre era José Segundo Oyarzo Lara.

Es el tercer crimen en Confluencia, en lo que va del año. La Policía liga los hechos y apunta a grupos de familias que utilizan las armas para saldar diferencias.

El hombre, de 41 años, cayó muerto cerca de las 23 en la calle Paimún, entre Tres Arroyos y Monte Hermoso, después de varias horas de tensión en las calles de tierra que rodean a la Comisaría 19.

Su cuerpo quedó tendido cerca de un paredón blanco. Ahí dejó su sangre y su vida. Un proyectil, el que le provocó la muerte, impactó en su cabeza. Otro fue en el tórax.

Hubo corridas, griterío, tumulto. Los agresores abandonaron la escena con el avance de los policías a bordo de los móviles. Otros curiosos rodearon la escena y no tardó en aparecer gente del entorno de Oyarzo Lara.

Personal médico se ocupó de certificar el deceso de la víctima en el lugar y los peritos resguardaron la escena para reunir evidencia.

Sobre la medianoche del jueves se hizo presente la fiscal Gloria Lucero, que dirigió la investigación policial hasta las 5.30 de la madrugada de ayer. “Los dos disparos son de armas diferentes”, indicó.

Vainas de distinto calibre sembraron la tierra, lo que hace suponer la utilización de varias armas de fuego. No menos de tres. Incluso no se descarta que la víctima haya portado una cuando se produjo el enfrentamiento, aunque al encontrar su cuerpo, no estaba armado.

Durante la primera inspección ocular, los investigadores policiales secuestraron once vainas: seis de calibre 9 milímetros, cuatro de 22, uno de 38 especial, más un culote de plástico presuntamente de escopeta y dos cartuchos de 9 milímetros.

Preocupación

Las circunstancias que rodean al homicidio son investigadas y por el momento no hay personas detenidas.

“Desde el Ministerio Público Fiscal estamos muy preocupados por la seguridad del barrio y con la Policía hemos tomado los recaudos para intensificar cualquier acción que garantice la integridad física de las personas”, sostuvo Lucero.

El crimen de Oyarzo es el tercero en lo que va del año en el barrio Confluencia y no es un hecho aislado para la Policía. Según fuentes allegadas a la investigación, el caso se vincula a los homicidios de Miguel Vilugrón, asesinado el 16 de marzo; y José “Tati” Morales, el 2 de junio.

La muerte de Morales desató una ola de amenazas y balaceras diarias a familiares de la víctima y testigos del hecho. Luego sobrevino una calma pasajera y hace pocos días atrás, recrudeció la violencia con nuevos enfrentamientos.

El domingo, una casa ubicada en Tres Arroyos y Paimún recibió varios impactos de bala; y durante la madrugada del lunes, se registró otro ataque a balazos contra la fachada de una propiedad de calle Borges.

“Es una forma de desenvolverse en el barrio, entre grupos que viven enfrentados”, indicó el coordinador operativo Daniel Poblet, quien agregó que, si bien por ahora no hay detenidos, “el agresor estaría identificado”.

En el caso también colabora el departamento de Seguridad Personal, y la investigación recae en el juzgado a cargo de Marcelo Benavides.

Oyarzo era un hombre con antecedentes delictivos y el año pasado protagonizó un violento episodio que tuvo difusión pública, al gatillar con un revólver calibre 38 a un efectivo a corta distancia, aunque el arma no funcionó.

"De noche no se puede dormir"

Neuquén > La “zona caliente” del barrio está demarcada por las calles Lago Argentino, Chocón, Boerr, y Borges. En el medio está Paimún, que concentra la mayoría de los enfrentamientos; y sobre esa calle está la Comisaría 19, otro punto fijo de ataque.

“De noche no se puede dormir, convivimos con las piedras y los tiros. Es constante, cosa de todos los días. Salís de tu casa y después no sabés si podés volver a entrar”, dijo ayer una vecina del barrio, en diálogo con La Mañana de Neuquén.

La mujer tiene su casa sobre Paimún y crió a nueve hijos. Como madre se preguntó ayer: “¿Dónde están los padres de esos chicos? Porque son pibes y, lamentablemente, van a terminar mal. El problema es la crianza, esto no acaba acá”.

Los conflictos son protagonizados por familias que llevan muchos años de enemistad en el barrio. La Policía enumera a diez, agrupadas en dos bandos.

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