Una de las dueñas que atienden el tradicional negocio de Antonio Chaya, fue asaltada el viernes a plena luz del día.
El paso de los años, el crecimiento de la ciudad y otras cuestiones de la modernidad le cambiaron la cara al “barrio centro” y el comercio, que en el pasado fuese un importante mayorista, hoy funciona por el cariño que los Chaya tienen por el lugar. Entrar al lugar es casi viajar en el tiempo, divisar los largos mostradores, las estanterías y una heladera gigante, “de las que se usaban antes”.
El último viernes a plena luz del día, un malviviente que esgrimía un arma de fuego saltó el mostrador y se abalanzó sobre la caja registradora. Al no poder abrirla, metió la mano en el bolsillo del saco de Hafida, quien tenía 100 pesos de una venta realizada momentos antes. Conforme con el botín, el sujeto se dio a la fuga.
“No se puede más”
En diálogo con El Esquiú.com, Sara Chaya, docente jubilada, relató el triste momento que les toca vivir: “Estamos pensando en cerrar, ya no se puede más. No estamos en esto por fines económicos sino que es como una terapia, estuvimos toda una vida acá. En otra época todos nos conocíamos, conocíamos a los vecinos y sabíamos quién era la gente que entraba al negocio. Éste era un negocio muy importante y es creo de los más antiguos que están quedando en la ciudad”. “El hecho no pasa por lo que se llevó, que en realidad no fue nada, sino por la situación traumática que es difícil de erradicar después. Estábamos como una tradición en Catamarca, pero hoy la tradición nos está costando caro y el problema de la inseguridad está latente”, reflexiona Sara.
Los nuevos sistemas de ventas, donde todo se maneja electrónicamente, no favorecen y las ventas en el local fueron disminuyendo, al punto en el que contratar un servicio de seguridad demandaría más dinero del que ingresa a la caja.
Ubicado a una cuadra de la Terminal de Ómnibus y a dos de la Jefatura de Policía, hoy la zona tiene una fuerte presencia comercial: “Con los años, los dueños de las casas fueron falleciendo y éstas fueron vendidas o remodeladas, se fue ampliando la parte comercial y ahora hay muchos vecinos o negocios con personas que no conocemos, antes nos conocíamos entre todos”, indica la comerciante.
Inseguridad
“Hace un par de años entraron, en ese entonces vendíamos Fernet. Un asaltante la tuvo agarrada del cuello a mi hermana durante el robo y por eso dejamos de vender ese producto. En el año ‘84 también tuvimos un asalto muy grave, cuando entraron con armas de fuego y nos redujeron acá adentro. Entonces vivían mis padres y mis hermanos. Fue realmente de terror porque no sabíamos si íbamos a seguir viviendo”, recordó la hija de Chaya al ser consultada sobre anteriores episodios de inseguridad.
Horas antes de la concreción de la nota, la mujer vio cómo en la esquina, dos menores de edad eran demorados por la policía por romper el vidrio de un auto con intenciones delictivas.
Comentá la nota