Histórica carta del Papa contra la Iglesia irlandesa por la pedofilia

Histórica carta del Papa contra la Iglesia irlandesa por la pedofilia
Fue duro con los abusadores pero quitó responsabilidades al Vaticano
El Papa Benedicto XVI censuró ayer a los obispos irlandeses por "graves errores de juicio'' frente a los abusos de menores por parte de religiosos, y ordenó una investigación de la Iglesia irlandesa. Deberán, dijo, "responder ante Dios omnipotente y ante tribunales".

En una esperada carta pastoral a los fieles irlandeses, leída en toda Europa en medio de un creciente escándalo multinacional, el pontífice no admitió responsabilidad alguna por parte del Vaticano.

Y tampoco mencionó castigos específicos para los obispos acusados por las víctimas e investigaciones del gobierno irlandés por haber encubierto años de abusos relacionados con la pedofilia.

Aunque la carta estaba dirigida a los irlandeses, el Vaticano dijo que podía aplicarse a otros países. Cientos de denuncias de abusos salieron a luz en toda Europa, incluso en la Alemania natal del Papa, y rozaron hasta a su propio hermano. "Ustedes sufrieron inmensamente y me apesadumbra'', dijo Benedicto, hablando a las generaciones de católicos irlandeses que padecieron abusos "pecaminosos y criminales'' a manos de sacerdotes, hermanos religiosos y monjas.

"Es comprensible que encuentren difícil perdonar o reconciliarse con la Iglesia'', agregó. "En su nombre, manifiesto abiertamente la vergüenza y remordimiento que sentimos todos''.

El vocero oficial de la Santa Sede, padre Federico Lombardi, dijo luego que "nunca hubo una carta de este tipo por parte del Papa: es una respuesta que no debe ser subestimada".

Lombardi contestó a la preguntas que le formularon las decenas de periodistas que tomaron por asalto la Sala de Prensa de la Santa Sede, frente a la Plaza San Pedro, en ocasión de la publicación del mensaje de Benedicto XVI a la Iglesia de Irlanda.

Y el primado de la Iglesia católica de Irlanda, cardenal Sean Brady, agradeció al Sumo Pontífice por "su profunda gentileza y su gran preocupación", al tiempo que, según opinó, marca "el comienzo de una estación de renacimiento y esperanza" para el catolicismo en el país. En similares términos se expresó el arzobispo de Dublin, Diarmuid Martin.

Tras una misa matutina en la catedral de San Patricio de Armagh, Irlanda del Norte, Brady dijo que "es evidente en esta carta pastoral que el Papa siente una profunda conmoción por lo que ha definido actos pecaminosos y criminales".

Brady no se refirió sin embargo al caso del sacerdote paidófilo que, hace 35 años, no denunció a la policía irlandesa, lo que llevó a que cometiera otros abusos sexuales contra menores durante más de un decenio, hasta que fue detenido y procesado por la justicia civil.

En su carga, el Papa aplicó sus términos más enérgicos a los autores de los abusos, diciendo que habían traicionado la confianza de los fieles, avergonzando a la Iglesia, y que debían responder tanto ante Dios como ante las autoridades civiles.

"No oculten nada'', les exhortó. "Reconozcan abiertamente sus culpas y sométanse a las demandas de la justicia, sin perder confianza en la misericordia divina''.

Benedicto culpó a los obispos irlandeses por no haber aplicado el propio derecho canónico que dispone enérgicos castigos a los abusadores de menores. Criticó "equívocos" del Concilio Vaticano II en "evitar los enfoques penales". Pero no condenó específicamente por no haber denunciado los abusos a la policía, limitándose a decir que se cometieron errores graves y que ahora deben "seguir cooperando con las autoridades civiles''.

Escribió: "Reconozco lo difícil que era abarcar la magnitud y complejidad del problema, de obtener información confiable y tomar las decisiones correctas a la luz de consejos expertos contradictorios''. Admitió que "se cometieron graves errores de juicio y que hubo fallas de liderazgo. Y esto ha socavado seriamente vuestra credibilidad y efectividad''.

Aunque no mencionó castigos para los obispos, ordenó una investigación vaticana de algunas diócesis, seminarios y órdenes religiosas. Esa medida sólo se toma cuando Roma considera que una Iglesia local no es capaz de lidiar con un problema de por sí. Ocurrió, por ejemplo, durante otro escándalo de abusos sexuales en seminarios de Estados Unidos durante 2002.

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