Cuando la sociedad mira de reojo a una juventud huérfana de valores y que aparece siempre cercana a todo tipo de conductas polémicas, los ejemplos como el de Alejandro Flores son una suerte de caricia para el alma.
A través de la mirada, Pili transmite fuerza y convicción, esas mismas virtudes que lo llevaron a asumir el compromiso de generarse sus propios ingresos a través de una actividad que quizás no estaba obligado a realizar. “Vengo de una familia de clase media”, aclara en el inicio del diálogo con NORTE, en el patio del colegio. Así y todo, valora las enseñanzas de su padre, quien le inculcó la necesidad de comenzar a generarse su propio sustento económico.
Alejandro es, para los docentes y el staff directivo de la escuela, un orgullo y el mejor espejo para los demás adolescentes que recién inician el camino. Este año, el joven egresará con el título de Técnico en Equipos e Instalaciones Electromecánicas, y mientras disfruta de sus últimos meses de aprendizaje en la institución que lo vio crecer, ya piensa en el futuro. “Todavía no me decido si seguir algunas ingenierías, ciencias económicas o periodismo deportivo”, expone, en una disyuntiva que muestra su pasión por los estudios técnicos y la “herencia” de su padre periodista.
Pili vive junto a su familia a pocas cuadras de la escuela ubicada sobre la avenida Hernandarias. Su madre estilista y su padre periodista conforman el núcleo familiar junto con su hermana Mónica, de 14 años. “El 7 de julio cumplo 18 años”, avisa. Todos los días, de lunes a lunes, recorre en una bicicleta signada por el paso del tiempo las calles de la capital provincial, vendiendo todos los diarios que se editan en la provincia.
Con un dominio asombroso de las fechas y los números que le deja el negocio de venta de diarios, Alejandro recuerda que fue un 28 de febrero de 2006 cuando comenzó su actividad como canillita. “Mi papá me había tirado la idea como para que empezada a ganarme unas monedas. Y me dio esa opción de vender diarios”, comenta. De aquél primer día también recuerda que vendió sólo cinco diarios, pero esa “escasez” no lo desmoralizó. Su empuje le permitió progresar y ganarse la amistad y el respeto de sus clientes.
Una actividad cíclica
Con notable precisión y memoria, el joven relata el comportamiento de las ventas de diarios en los últimos cuatro años. “El primer año -2006- fue muy bueno. Llegaba a vender 20 diarios por día”, destaca, al tiempo que pondera los efectos secundarios de la actividad: “Me hice amigo de mucha gente y logré muchos clientes. Varios me regalaron ropa”, valora.
Sin embargo, la actividad también tuvo “momentos malos”, como en 2008 cuando empezó una suerte de “debacle porque la gente comenzó a comprar menos diarios”. Pese a la adversidad y a las mayores responsabilidades que le requería el estudio, Pili nunca abandonó el colegio ni mucho menos su trabajo. “El primer año, cuando comencé a vender diarios, no me llevé ninguna materia”, afirma. También supo resolver la superposición de horarios que surgía por las horas de taller y práctica que debía cumplir el año pasado. “Pude cumplir con todo y gracias a Dios me eligieron abanderado”, revela con humildad y como si todavía no advirtiera el ejemplo que sus acciones representan para el resto.
“De lunes a viernes generalmente vendo diez diarios. Y los sábados y domingos un poco más”, puntualiza. Así recuerda que lo menos que vendió fueron ocho diarios, pero luego la recuperación fue progresiva hasta recuperar el nivel y volver a cerca de 20 ejemplares en los días “fuertes”. “Ando toda la mañana, por todos lados. Por ahí me cuesta y estoy hasta la siesta”, señala, sin que la exigencia resulte una carga. En este punto también indica que su “parada” está justo en la estación de servicios ubicada en la intersección de Hernandarias y Marconi.
Todas importantes
“Las seis materias que tengo este sexto año son importantes”, afirma el joven, para luego detallar cada una de las asignaturas específicas de la carrera que le dará formación profesional al egresar de la escuela. Con esa misma pasión que transmite, Pili deja un mensaje final: “A los chicos que por ahí piensan en dejar la escuela, yo les aconsejo que no lo hagan. Hay que estudiar, dedicarse y seguir hacia delante. Y si encuentran alguna oportunidad para trabajar, que no la dejen pasar, pero que también sigan estudiando”.
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