Luz Barzola tiene 5 años. Hace un mes ayudó a su familia a apagar el incendio que consumió su terreno.
Ese día publicamos fotos de llamas inmensas, de casas destruidas y de animales acorralados por el fuego, pero ninguna conmovió tanto como esta: la de una niña en ojotas, caminando sobre un campo ennegrecido por el fuego, llevando un tarrito cargado con agua con el que apagaba los troncos que todavía humeaban en el frente de su casa. La tomó Javier Ferreyra desde el auto del diario, mientras recorríamos Salsipuedes, donde el fuego se había tragado tres casas. La nena tenía un gesto triste.
Subimos la foto a nuestro Facebook y estalló: 2.644 personas le dieron “Me Gusta”, 1.533 la compartieron en sus muros y 109 comentaron que la imagen los había emocionado, que los había hecho llorar porque –dijeron varios– esa nena nos estaba dando una lección a todos. “Una luz de esperanza en medio del infierno” fue el título que acompañó la foto. Una casualidad. En ese momento no sabíamos que el nombre de la nena era, precisamente, Luz.
Después del fuego. Un mes después de los incendios volvimos a Salsipuedes a buscar a la nena. Los terrenos que rodean la casa de la familia Barzola, en barrio Cerro del Sol, siguen ennegrecidos, pero algunos yuyos verdes ya comenzaron a brotar entre las cenizas.
Luz Barzola tiene 5 años. Aquel día, junto a su papá Eliseo y a su mamá Silvia, vio como el fuego se acercaba a su casa, amenazante, alimentándose de las pasturas secas. “Me dio un poco de miedo”, dice Luz antes de esconderse entre las piernas de su mamá. Es tímida. Al principio, la cámara le da un poco de vergüenza, pero el fotógrafo, con palabras lindas, le saca una sonrisa y otra vez vuelve a hacerle fotos memorables.
Los Barzola recién supieron que su hija había salido en el diario unos días después, por unos vecinos. En el jardín de Salsipuedes al que asiste, a Luz le dijeron que “salió re linda”. “Ayudé a mis papás con el tarrito”, cuenta, y vuelve a taparse la cara con las manos.
“Ese día nos comimos un flash”, dice papá Eliseo –cocinero y herrero de oficio–, y agrega: “Tuvimos que escapar en el auto en medio de las llamas, pero por suerte a la casa no le pasó nada; se quemaron mis herramientas y el terreno”. Silvia –directora de danza– dice que “en 40 minutos se quemó todo”.
Cuando el fuego pasó se pusieron a extinguir las brasas que seguían vivas. “Luz cargó el tarrito millones de veces, todos los pibes del barrio ayudaron”, dice Silvia, la orgullosa mamá. Entre todos hicieron la guardia de cenizas hasta que se fue el sol, y con la oscuridad fue más fácil ver adónde estaban los “foquitos”: las ramas encendidas que titilaban en la noche.
Familia Barzola
Luz va a salita de 5, en Salsipuedes. Zoe, su hermana, a primer año del secundario. Papá Eliseo es cocinero y herrero, mamá Silvia es directora de danza (dirige una obra los jueves a las 21, en La Cochera). Viven en Salsipuedes desde hace 8 años, cuando se instalaron en una carpa.
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Opinión: Una hermosa y sencilla historia. Por Javier Ferreyra, fotógrafo de Día a Día.
El desafío de todo fotógrafo es contar historias que conmuevan. Para eso, solemos buscar la imagen grandilocuente, el espectáculo pomposo, el énfasis en la tragedia. Y a veces la gran historia está ahí mismo, ante nuestros ojos y no la vemos porque es algo demasiado pequeño y cotidiano. Eso pasó con esta foto, realizada casi por casualidad mientras buscábamos incendios en las sierras. Gracias a la participación de los usuarios, que vieron en esta imagen algo más enternecedor y vibrante que cualquier registro trágico de las llamas y los bosques quemados, la rescatamos y encontramos eso que tanto buscamos: una hermosa y sencilla historia.
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