Lucía Constanza es una adelantada de estas épocas. A decir verdad, no quiso esperar hasta el 10 de enero como había augurado el ginecólogo. Resulta que todo se precipitó en el hogar del barrio San Martín donde residen el comerciante Moisés Alejandro Troncoso (37) y Viviana Espinosa (33), junto al pequeño hijo Agustín, de 3 años.
“Ya estábamos vestidos y listos para salir, de pronto Viviana me dice ya salgo, voy al baño...” Y de pronto lo tal vez inesperado, Viviana que entra al baño y rompe bolsa y llama desesperada a Moisés.
“La verdad, cuando entro al baño ya asomaba la cabecita, entonces llamé desesperado a mi hermana (Liliana) que es instrumentista quirúrgica para que me diga qué hacer, pero mientras pegaba el celular entre mi cabeza y mi hombro con mis manos empiezo a manipular muy despacio y empieza a aparecer todo el cuerpecito; no sé cómo explicarlo, yo había presenciado el nacimiento de Agustín y había visto otros por la televisión, así que me guié por lo que había visto; es algo maravilloso e indescriptible” rememora Moisés.
Agarró tiernamente a la pequeña, cuenta haberla puesto de costado, casi boca abajo entre sus manos, y darle unas palmaditas hasta que, emocionado, escuchó el llanto de la beba como una melodía maravillosa de la vida y de la tierra.
Y qué hacer con el cordón umbilical? “Mi hermana Liliana me decía por teléfono que buscara un hilo y que a unos 10 centímetros del ombliguito hiciera un nudo” contó el hombre.
El final: Sergio en su vehículo pasó a buscar a Liliana y ambos acudieron a casa de Moisés y Viviana en el San Martín. Liliana se encargó de limpiar los restos de placenta e higienizar lo demás. A todo esto hay otro protagonista que pudo haber pasado desapercibido y ese es el pequeño Agustín. “El es muy mamero, pero esta vez se portó como un caballerito, se quedó en el living mirando tele y cuando todo pasó vino a conocer contento a su hermanita...” dijo el padre.
El alumbramiento de Lucía Constanza se produjo a las 20:45 y pesó 3 kilos con 160 gramos y luego todos partieron hacia el Sanatorio La Española, donde recibieron la nochebuena y Navidad. Allí estaban, en la habitación 214 del segundo piso en la tarde de ayer. Mamá y beba en perfecto estado y esperando de un momento a otro el alta, con un papá “chocho” de haber vivido semejante experiencia de vida. Ni más ni menos.
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