Excombatientes del ERP contaron cómo se salvaron del fusilamiento, pero fueron torturados en la Jefatura de Policía.
Ambos se salvaron de la muerte porque fueron enviados en una misión a buscar alimentos y medicamentos para los heridos; pero fueron detenidos y tras un corto tiempo en Catamarca, enviados a la Cárcel de Rawson, donde permanecieron los siguientes 10 años. Hoy son testigos del juicio que se lleva a cabo en la provincia y hace algunas semanas atrás, también brindaron su testimonio.
¿Cuándo vieron por última vez a sus compañeros?
Mario: Después de ese primer enfrentamiento (se refiere a cuando son sorprendidos a bordo de un colectivo por la policía y deben huir), marchamos siguiendo las luces de la ruta, tratando de retirarnos de la mejor manera posible, dado que estábamos desorientados y teníamos compañeros heridos y muy golpeados. Además, era incierto adónde nos íbamos a retirar, porque no conocíamos la geografía del lugar ni las posibilidades que había. Así que viajamos toda la noche y, al llegar la madrugada, nos escondimos, porque supusimos que nos estaban buscando. Decidimos después seguir caminando hasta llegar a Capilla del Rosario, que es donde vimos a los compañeros por última vez. Ahí nos salva el compañero “Negrito” Fernández, porque nos manda con una misión al “Yeyo” y a mí hacia la ciudad más próxima, a buscar algo de comer y medicinas para los heridos.
¿Cómo habían llegado allí?
Mario: Habíamos alquilado un colectivo en Tucumán y estábamos cambiándonos cuando pasaron por la carretera un par de paisanos. Les llamó la atención la presencia de gente extraña y llamaron a la policía. Llegaron, comenzaron a tirar y ahí tuvimos las primeras dos bajas.
Pablo: Esta inspección ocular es producto de las declaraciones en las que manifestamos que nos habíamos retirado hacia la lomada, que habíamos llegado a un canal y lo habíamos cruzado; lo que a ellos (la defensa de los imputados) les resultaba dudoso, porque decían: ¿Cuándo volvieron a cruzarlo? En la inspección demostramos que no lo volvimos a cruzar. Bajamos la lomada y seguimos hasta Capilla. Una vez allí, veníamos con heridos. A los más graves los fueron trasladando a casas de la vecindad. Otros, bajaron con otras misiones que no las conocemos; pero seguimos caminando. Ya llevábamos casi 30 horas sin comer y sin agua; además, en el cruce del canal perdimos mucho, la mayoría perdió el armamento. Al llegar a Capilla, intentamos organizarnos con los compañeros que estaban heridos y ayudarlos, pero no contábamos con medicamentos. Estaban mojados, agotados y con hambre, así que nosotros fuimos a buscar alimentos. La preocupación central era retirarnos, porque no teníamos otra opción a esas alturas.
¿Cuántos quedaban en el grupo?
Mario: Quedaron 14. Los que marchábamos éramos 18. Los primeros que se separan eran otros dos compañeros. Finalmente, los que quedaron murieron todos fusilados.
Pablo: Sí, en las fotografías que se sacaron del momento, ellos estaban con las manos arriba. Los tiros los tenían por acá (se señala la zona de las axilas) y a los que quedaron los remataron con tiros a corta distancia. Estuvimos con ellos como hasta las 7.30 de la mañana y los matan a las 3 de la tarde.
¿Cómo los detuvieron?
Pablo: Fue en un comercio de Piedra Blanca. Ahora allí hay una farmacia -hoy pasamos por ese lugar-. No es cierto que la mujer que atendió nos denunció; la señora no tuvo ninguna actitud hostil. Pero allí, cuando nos detuvieron, dijimos fuerte nuestros nombres, para que a ella se les grabaran, porque no sabíamos qué iba a pasar después. Y allí nos trasladan a la Jefatura de Policía. Nosotros nos hacemos cargo que nuestro objetivo era tomar el cuartel; íbamos a recuperar armas, lo que íbamos a hacer por sorpresa, porque teníamos compañeros dentro del cuartel que nos iban a apoyar; pero no era nuestra intención matar a nadie. Es más, en definitiva nosotros no matamos a nadie, a pesar de todas las bajas que tuvimos. Nosotros respetábamos la vida. Nuestra intención no era la que decía la prensa, o sea: copar el cuartel y declarar zona de guerra. Nosotros veníamos a recuperar las armas y nos íbamos.
¿Qué sucede en la Jefatura?
Pablo: Estuvimos 15 días incomunicados. Nos daban pentotal sódico y estábamos dopados todo el tiempo; con eso pretendían sacarnos información. Nos tenían parados con las manos atrás, las piernas abiertas y la cabeza contra la pared. Algunos nos caíamos, porque nos desmayábamos o algunos desvariaban y salían a caminar como zombies.
¿Y sus familias?
Mario: El partido se da cuenta e inmediatamente manda abogados nuestros y moviliza un gran aparato para garantizarnos la vida como presos. Se aboca a tratar de salvarnos a los que veníamos en retirada. Las órdenes del gobierno era de liquidarnos. Por eso tomaron esa decisión y movilizaron a nuestros familiares. Mi mamá me decía que no sabía si yo estaba vivo o muerto.
Pablo: Tal es así que a los que estábamos detenidos nos querían aplicar el “plan de fuga”, es decir, nos ponían en un paredón y nos hacían simulacros de fusilamiento para que tratáramos de huir y ahí dispararnos. Nos tiraban allí, pero no nos movíamos. Nos decíamos el uno a otro: ‘No te muevas’, porque llegábamos a hacer un paso y nos mataban. Eso nos lo hicieron varias veces. Estuvimos en esa situación hasta que vino el juez, se paró ahí y nos tomaron declaración. Después, nos llevan a la cárcel de Devoto y ya con el Estado de Sitio instaurado, nos llevan a la cárcel de Rawson. Allí estuvimos 10 años.
¿Cómo era el ERP?
Mario: Nosotros como ERP teníamos un programa con una clara definición política. Éramos luchadores que nos habíamos organizado para la conquista del poder político y la construcción del socialismo. Avizorábamos que para eso necesitábamos crear un partido y un frente para unir a todos los sectores en contra del imperio y un ejército para defender las zonas en donde haya la voluntad popular de construir el poder. Estábamos en ese proyecto. [...]En distintas provincias se empiezan a vivir los indicios de la represión. Sacerdotes, pensadores e intelectuales eran secuestrados y desaparecían. Esa época fue claramente la antesala de lo que terminó siendo en el Gobierno Militar.
Pablo: Lo que planteábamos era la toma del poder y luego la construcción de una sociedad socialista. Para ello, generamos un partido de combate que tenía todas las herramientas necesarias para la toma del poder. Habíamos construido un ejército, teníamos una unidad política y el movimiento sindical de base, más agrupaciones que trabajaban a nivel barrial y a nivel país. La mayoría éramos jóvenes, la generación nacida en el ‘40. Teníamos entre 20 y 26 años. Yo trabajaba en un ingenio de Tucumán y combinaba la actividad sindical de tres ingenios de la zona. Cada 15 días nos reuníamos en Tucumán.
¿Se arrepintieron de haberse unido al ERP?
Pablo: No. No nos arrepentimos. El estar hoy y prestar nuestra colaboración brindando nuestro testimonio a la Justicia es trasmitir la verdad de lo que aconteció en aquel momento. En esta inspección ocular estuvimos con los acusados al lado nuestro y en ningún momento, pese a que sabemos que son los que mataron a nuestros compañeros y nos torturaron, no fuimos agresivos ni nada; porque sabemos que estos son los Tribunales de la Verdad y lo que ellos hicieron fue apenas un ensayo de lo que después se aplicó a nivel nacional y en el Cono Sur con el operativo Cóndor; o sea, el terrorismo de Estado, que destruyó a la economía del país y a miles de familias.
Sigue el juicio
Luego de haberse realizado la semana pasada la segunda inspección ocular en el lugar de los hechos, durante la jornada de hoy está prevista la reanudación del juicio por la Masacre de Capilla del Rosario, en la sede del Tribunal Oral Federal. El debate, que tiene como imputados a Nakagama, Carrizo Salvadores y Acosta, tendría inicio a las 10.
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