Los vecinos ya no saben qué hacer para vivir tranquilos.
Desde febrero de este año, 30 familias del barrio Mudon ya no pueden dormir tranquilas. Es que dos hermanos, de 18 y 28 años, que viven solos en la planta baja del monoblock 19, se enfrentan a tiros con una banda de chicos de otro sector aun a plena luz del día. El malestar llegó a su límite días atrás, cuando les tiraron una bomba molotov dentro del departamento.
El inmueble que ocupan pertenecía a la madre de los jóvenes, que falleció a principios de año, según relatan los vecinos. El padre dejó la casa y los hermanos quedaron solos. De inmediato, el departamento se convirtió en lugar de encuentro con amigos y permanentes fiestas nocturnas, lo que motivó reiteradas quejas por el alto volumen de la música.
Luego, uno de ellos tuvo un altercado con una banda de chicos de otro barrio, que terminó con un cruce de disparos de madrugada en el acceso al edificio, ubicado sobre calle Abraham, casi en esquina con Gobernador Asmar.
Martina, una de las vecinas, recurrió a la Defensoría del Pueblo para que mediaran en el conflicto, pero no tuvo éxito porque los jóvenes nunca se presentaron. Finalmente, en abril, la mujer presentó una denuncia en la Fiscalía.
Los meses pasaron y la convivencia fue empeorando con reiterados llamados de los vecinos a la Policía por los tiroteos. El subcomisario Maximiliano Mena, de la Comisaría Tercera, confirmó que la esquina se convirtió “en una de las zonas conflictivas de nuestra jurisdicción”, aunque relativizó el problema al afirmar que “la violencia entre los jóvenes es una tendencia en toda la zona, incluso con esto de usar elementos inflamables como la molotov”.
Explicó que la Policía no puede evitar los tiroteos porque “no se presentan denuncias por ningún delito, solo por disturbios; entonces, se los demora por el artículo 50 del Código de Faltas, pero no se puede hacer nada más”. Indicó que si no se configura un delito, debe intervenir el Municipio a través de sus inspectores, “pero cuando los vecinos van al otro día a verlos, el hecho ya se terminó”.
Cuerpo a tierra
Sara Gutiérrez, una de las damnificadas, contó que los jóvenes golpearon a vecinos en represalia por llamar a la Policía y alertó: “Estamos viviendo una situación extrema, desesperante, donde hasta ahora nadie hace nada”. Indicó que además de los enfrentamientos con disparos, deben soportar “que ponen música a todo volumen y hacen todas las noches festejos, noches y días”. Y advirtió estar preocupados y “desesperados porque en los dos edificios 19 y 20 no solo vivimos familias, sino una gran cantidad de niños”.
Una de las últimas balaceras ocurrió días atrás a las 20, cuando muchos chicos jugaban en el estacionamiento y la gente hacía las compras en los comercios de la calle Abraham. Los disparos tomaron a todos por sorpresa y lo único que pudieron hacer para defenderse fue tirarse al piso.
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