Oscar y Rubén Gordillo viajaron por separado a las islas en 1982, y allí se cruzaron por casualidad. El primero fue dado por muerto, el otro fue padre mientras combatía. Recuerdos de una experiencia que los marcó a fuego y que reivindican como pocos.
Oscar Gordillo (53) y Rubén Gordillo (52) son dos hermanos mendocinos que tuvieron el honor, porque para ellos no se puede describir de otra forma, de haber ido a defender la Patria en su propio terreno -en términos futboleros, en su propia cancha- de los ocupantes ingleses.
El primero fue dado por muerto en combate (ver aparte), el segundo fue padre mientras peleaba y conoció a su primogénito cuando regresó de la guerra. Estas anécdotas parecen pequeñas cuando cuentan el resto de su viaje, en el cual pelearon por hermanos invisibles, por la familia que dejaron acá y por la nueva, que formaron con sus compañeros de batallas.
Pasaron 31 años de la última jugada del gobierno militar por quedarse en el poder, por sostener una opinión pública favorable. Pasaron 11.315 días desde la recuperación parcial de las islas un 2 de abril de 1982, ese pedazo de tierra en el océano Atlántico que es uno de los símbolos que más grafican el ser argentino.
Quedaron nombres, rostros, amigos perdidos, momentos de un dolor inimaginable y perdurable luego del conflicto bélico. Quedaron allí 237 cruces, que contrastan con un cielo casi siempre nublado. Son las pertenecientes a los soldados vencidos y victoriosos en la memoria colectiva. Quedaron un tercio de ellos sin nombre, sólo conocido por Dios.
Y quedó una historia, despedazada en miles de trozos con igual número de protagonistas, convertidos en uno solo que vuelve otras tantas veces a contar lo que ocurrió.
Encuentro inesperado
Rubén, por entonces un joven de 21 años, desembarcó en Malvinas el 2 de abril a las 8 de la mañana durante la recuperación de Puerto Argentino, en la isla Soledad. Oscar, de 22, llegó al archipiélago gobernado por los ingleses desde 1833 cuatro días más tarde, desconociendo que su hermano ya estaba allí.
"Fue cómico, porque un compañero me avisó que mi hermano estaba en las islas, en Comunicaciones", describe Oscar, que se desempeñó como jefe de un mortero 120 y que hace un año está retirado del Ejército. "Yo me iba a comunicar con él para que le avisara a mamá que estaba en la guerra", aclara por su parte Rubén.
En la casa de uno de ellos en el barrio Vandor, rodeados de familiares, siguen con un relato que habrán contado mil veces y que no deja de sorprender a quienes los escuchan. "El 5 de abril había nacido mi primer hijo, y le dije a Oscar, cuando nos encontramos por única vez allá, que él iba a ser el padrino. Fue muy fuerte, porque no lo pude conocer hasta el 22 de junio, cuando volví a Mendoza", recuerda Rubén, quien este año se alejará de la carrera militar.
Respecto de la noticia del nacimiento de su primogénito, agrega: "Me gusta mucho el fútbol y ese día trataba de escuchar un partido como pudiera. Fue cuando estaba en eso que me enteré que mi hijo había llegado".
La emoción de los recuerdos se incrementa cuando Gimena (25), hija de Rubén, cita la carta que su padre le envió a su madre en aquel momento: "Negra, esto que me está pasando sé que no lo voy a vivir nunca más, yo te digo que sé que está nuestro hijo al cual no lo conozco y sé que tal vez no lo conozca, pero el amor que siento por mi Patria me lleva a decirte que voy a dar mi sangre por esta causa. Sé que con estas palabras yo te estoy lastimando, porque estoy eligiendo mi Patria en vez de mi familia".
En las trincheras
Los dos ex combatientes, luego del enfrentamiento bélico, siguieron su camino y lograron llegar hasta el máximo grado en sus carreras, el de suboficial mayor. Pero en 1982 sus realidades eran distintas. Oscar pertenecía a Infantería y estuvo a cargo de un mortero. En tanto, Rubén fue el encargado, junto a otros compañeros, de mantener constante el vínculo con el continente a través de la radiotelecomunicación.
"Cuando llegamos a Puerto Argentino tengo la imagen de haber visto a (Pedro Edgardo) Giachino -primer argentino y mendocino caído en el combate- en una camilla de tela, envuelto en la Bandera con sangre a su alrededor, por todo el piso. Fue loco, se escuchaban tiros por todos lados", dice Rubén, que desembarcó casi dos horas antes de la rendición inglesa. En esos momentos, trabajaba con un equipo de radio, con la constante amenaza de que su posición fuera destruida por el enemigo: "Trataba de hacer transmisiones cortas, para que no nos detectaran".
Su hermano grafica: "Cuando llegamos a Malvinas, al regimiento 8 y al personal de ingenieros, entre los que me encontraba yo, lo destinaron a la bahía Fox. Igual, yo no sabía que estábamos yendo hacia las islas cuando salimos desde Comodoro Rivadavia. Pensábamos que íbamos a una operación y en el barco nos enteramos".
Para no revelar su posición uno de los jefes de morteros en las islas explicó algo que bien podría definirse como "viveza criolla", ya que sembraron chapas alrededor de ellos para no "batir la zona" y para que los radares no los detectaran. Además, en la playa de la bahía habían simulado baterías costeras con palos, lonas y tambores. "Ese fue el motivo por el que no invadieron las islas por la bahía Fox. Tenían miedo de esas armas. Después me enteré que se preguntaban por qué tiraban y nosotros no respondíamos", relata Oscar.
Hasta el final
Prácticamente los dos estuvieron en Malvinas a lo largo de toda la guerra, hasta la rendición argentina el 14 de junio. Fueron soldados y también prisioneros. Seguramente habrán visto cosas terribles, pero ellos evitan hablar de esos duros momentos, "A Malvinas hay que recordarla por las cosas buenas. Me duelen algunas cosas que se dicen de Malvinas y prefiero callar. Escuchás cosas que no son reales y te dan bronca. Pasaron cosas que pasan en cualquier guerra", dicen casi a coro.
Sin embargo y pese a ese pacto de silencio implícito y respetable, algunas imágenes se escapan. "Las noches eran de terror. Tiraban desde el mar y vos sólo veías oscuridad y los tiros que pasaban", describe Rubén, quien durmió en un gallinero durante toda la campaña.
Oscar, en tanto, señala: "Todos sentíamos temor. El más grande es en la primera misión de fuego, porque una orden de fuego era para matar a alguien. El proyectil caía en algún lugar y destruía algo. Pero en una guerra uno ve banderas, no corazones".
Respecto de la mala alimentación y el frío que sufrían los soldados, y de lo que tanto se ha hablado, ellos escuetamente explican: "Si uno ve una película de guerra nunca ves que lleven a una trinchera comida caliente. Es complicado el abastecimiento y no podés pretender vivir como en el cuartel. Vivíamos con las alertas, en otra realidad". Y acotan: "Cuando se habla de que mandaron a niños no es así. Son tipos con b.? más grandes que la m...".
Etapa reflexiva
Las consecuencias para los soldados argentinos por haber participado en la guerra son conocidas por todos. Los hermanos coinciden en que la etapa posterior a Malvinas es casi tan dificil como el combate mismo. "Tenés imágenes que no podés borrar. Sobre todo por cómo fuimos ignorados. Pero tenés que sacar fuerzas, tenés que cambiar para que no se derrumbe la familia y esa fue la forma de no entregarme", dice Rubén, quien eligió el montañismo para volver a levantarse.
"Uno en su momento estaba loco, en su mundo", continúa el menor de los hermanos, y automáticamente Oscar lo sigue: "Todos hablan de los problemas psicológicos, que sí, puede haberlos, pero lo fundamental es no rendirse. Saber que hay que dar un poco más para lograr nuevos objetivos".
Durante los últimos años, el tema Malvinas parece haber recobrado impulso. Sobre todo, con los reiterados reclamos del gobierno nacional por la soberanía, tema en el que los Gordillo son críticos: "Dios quiera que las recuperemos por la vía diplomática, pero creo que en la actualidad no estamos en condiciones. Igual vemos que se les falta el respeto a muchos compañeros que están mal", afirma con dureza Rubén, mientras que su hermano agrega: "Hay que tener mucho respeto por los héroes, los que vinimos, los que se fueron allá y los que murieron en el post Malvinas. Malvinas no debe ser una causa partidaria sino nacional, sea quien sea el político que esté".
Finalmente, cuando se les pregunta si volverían a las islas, ninguno de los dos duda: "Sí, volveríamos -responde Oscar-. Cuando entregué el uniforme le dije a un oficial que si el clarín llamara de vuelta sería el primer encolumnado, no por fanático, ni por Malvinas, sino por la patria, que te marca a fuego".
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