El individuo tomaba a patadas a las niñas hasta dejarlas tiradas en el piso antes de abusarlas. Así delató su odisea a la policía una de las víctimas.
La historia hizo eclosión en noviembre del 2010 en una finca ubicada a cinco kilómetros de la localidad de La Cañada, departamento Figueroa.
Según la investigación instrumentada por el juez Ramón Tarchini Saavedra, titular del Juzgado del Crimen de Segunda Nominación, el individuo es padrastro de las víctimas y la mujer, madre biológica de las dos niñas abusadas.
A lo largo de casi dos años, la Justicia tomó múltiples testimonios: de las propias menores, de su grupo de amigas, de funcionarias de la Dirección de la Niñez Adolescencia y Familia (Dinaf) y hasta de los asistentes de una iglesia evangélica que funciona en la zona.
Desde los 8 y 10 años
Las jovencitas declararon que su padrastro inició sexualmente a una a los 10 años y repitió idéntica actitud con la otra, de apenas 8 años.
Además del calvario a los que sometía a sus hijastras, el individuo golpeaba a patadas a la mayor hasta dejarla tirada en el piso.
Una y otra vez ésta padeció los estragos físicos hasta que en noviembre del 2010 confesó su secreto a varias amigas, en ocasión de ingerir veneno para aves.
‘Estoy cansada. Mi padrastro abusa de mí y mi mami no hace nada. Nos amenaza con no verla nunca más si le pasa algo a él’, afirmó la mayor ante los funcionarios de la Dinaf.
No conforme con esta situación, la madre echó a sus hijas para que se fueran a vivir con su padre biológico, quien reside en la ciudad de Campo Gallo (Alberdi).
En los últimos días, el magistrado concluyó la instrucción de la causa y la remitió a juicio. El hombre será acusado de ‘abuso sexual con acceso carnal’ y la mujer, por ‘encubrimiento’. l
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