“Hemos repartido unas 4 mil frazadas junto a la diócesis”

“Hemos repartido unas 4 mil frazadas junto a la diócesis”
Doña Elia Fourcade de Petrinovic enseñó mucho como maestra pero brindó mucho más con la generosidad de su corazón.

Cuando Elia Fourcade de Petrinovic era pequeña en San Luis no había calles pavimentadas, ni veredas en plena calle Mitre, a escasos 250 metros de la Plaza Pringles. Tampoco había celulares, luces potentes que alumbren la calle, autos con alarma. Lo más habitual era salir a la puerta de la casa con una silla para compartir charlas con los vecinos y ver gente pasar. “En total tengo 44 años de servicio en la docencia”, contó una de las fervorosas mujeres que ya entregó cuatro mil frazadas, junto a la diócesis de la provincia.

La abuela de Elia, doña Emeteria Saá, podía olvidarse tranquila de su silla frente en la puerta de su casa, porque estaba segura, en aquella época, de que nadie podía robársela. “Una mañana salgo de la escuela y veo en la puerta una silla sola. Le dije: “Abuelita se le quedó la silla afuera”; y ella me respondió: “Éntrala niña”, como si se tratara de una cosa natural, recordó la tía Nena, tal como la llaman sus sobrinos y sus sobrinos nietos, quienes la describen como una persona familiera, súper caritativa y muy devota de la Iglesia católica.

Con 91 años recién cumplidos Elia buscó anécdotas y vivencias entre sus recuerdos. Su madre fue Feliza Muñoz de Fourcade y su papá Mariano. “Mamá enviudó muy joven y no conocimos a nuestro padre. Cuando era tiempo escolar venía y nos dejaba con la abuela. Después de un tiempo se vino a vivir con nosotros”, contó.

Mario es el mayor de sus hermanos. Le sigue Jorge, quien decidió estudiar para convertirse en sacerdote Jesuita. Elia nació después; el cuarto fue Hugo, el profesor, y el más pequeño fue Raúl, quien murió de apendicitis cuando era niño.

Doña Elia iba a la Escuela Normal de Maestras “Doña Paula Domínguez de Bazán” y se recibió en el año 1940. Sus hermanos asistieron a la Normal Mixta "Juan Pascual Pringles". “Mirando un poco hacia atrás recuerdo que tenía siete años, mi hermano Hugo, que escribía hermoso, le decía la casa de la doble maternidad, porque la abuela estaba con nosotros todo el año. Mamá trabajaba y cuando estaba de vacaciones venía del campo a visitarnos. Antes no había colectivos y vehículos que vinieran a la ciudad. Era una mujer pobre, cargada de hijos y otros que criaba. Era una heroína”, explicó orgullosa de su madre.

La mayoría de los recuerdos de Elia están relacionados con las celebraciones católicas. “Cuando era chica teníamos una vitrola. Para la época de Pascuas no podíamos escuchar música, había mucho silencio, nadie limpiaba la casa. Era otoño, las hojas caían y no se podía barrer, la escoba desaparecía. Todo se organizaba alrededor de la Iglesia”, contó Doña Petrinovic y agregó: “Otra de las cosas que vienen a mi memoria era cuando a las 7 de la mañana íbamos los cinco niñitos, obedientes como éramos, por la calle Pringles caminando. A esa hora estaba de noche todavía y los foquitos eran chiquitos y medio oscuros. En la puerta de la Catedral había unos jóvenes que tenían una matraca, porque no se tocaba la campana para llamar a misa”.

La vida de antes era muy simple, la comida muy sencilla, según Elia nunca faltaba la mazamorra.

Cuando tenía 18 años se recibió de maestra en la escuela "Paula Domínguez de Bazán". “Inmediatamente salí a buscar trabajo. Tuve la suerte de que me nombraron en la Congregación de las Hermanas Esclavas del Corazón de Jesús, ahí trabajé 20 años”.

“Este año la escuela "Constancio Vigil" cumple 50 años, estuve en el acto porque yo fundé el primer Club Sanmartiniano Escolar. Trabajé junto a Urbano Nuñez que era presidente de la asociación, también estuvo mi hermano Hugo”, dijo y sonrió, seguramente porque recordó aquellos gratos momentos con su hermano que falleció en 2010. “Con Hugo nos llevábamos muy bien, no teníamos ningún problema. Íbamos mucho a la casa de Víctor Saá, que era historiador, ahí leían y aprendíamos mucho porque después conversaban y comentaban. También solían juntarse donde hoy es la Asociación Sanmartiniana, en Chacabuco, llegando a Balcarce”. Jorge, el segundo de sus hermanos, terminó sus estudios escolares y viajó a Buenos Aires para prepararse como sacerdote en la Compañía de Jesús. “Ahí se ordenó y fue rector del Colegio Salvador durante 22 años. Después la compañía lo necesitó en Córdoba y lo nombraron rector de la Universidad Católica que depende de los Jesuitas, ahí trabajó durante dos períodos. Después se fue a Mendoza y allá murió”, relató Elia.

La tía “Nena”, como le dicen con cariño sus familiares, se casó con Esteban Petrinovich, que llegó a San Luis para abrir su propio negocio. “No tuvimos hijos, pero crié a un chico que ahora está en Río Cuarto y era ahijado de mi marido, se llama José Bogout. De todas formas adopté con mi corazón a mis 12 sobrinos”, expresó y sin pausa agregó: “Tenía 45 años cuando murió mi esposo. El dolor era tan grande que me encerré. Un día vino mi hermano Jorge y me dijo que no me encerrara, que era joven. Pasó un tiempo y vinieron las chicas del colegio Aleluya, para que atendiera séptimo grado y dije que sí. Un sábado el padre José Stagnitta, que era rector del colegio Santo Tomás, me pidió lo mismo”. En esa institución fue rectora durante un período.

De las cosas de la casa, doña Elia prefiere hacer la limpieza porque no le gusta cocinar.

El paso de los años hizo que percibiera que el rol de la mujer ha cambiado notoriamente ocupando espacios que antes sólo eran especialmente para los hombres. “Actualmente estoy trabajando en la Iglesia, con los pobres, con la Junta de Misiones hicimos una campaña de recolección de zapatillas. Anduvimos repartiendo por toda la provincia. Ahora viene la campaña del pan dulce, para Navidad”, dijo Elia, que este año cumple 19 años de trabajo en la campaña de la frazada.

“Hemos repartido junto a la diócesis de la provincia por lo menos unas 4.000".

Con un carisma impresionante Elia no se detiene a la hora de ayudar a los que menos tienen. “Ahora estoy trabajando por la devoción del Padre Pío, un santo italiano muy milagroso con los enfermos. Siempre estoy muy ocupada en cosas de la iglesia. Ahora vamos a construir una iglesia en un terreno que nos donaron, vamos a construir un santuario del Padre Pío, yo le consulto todo lo que vamos haciendo a Monseñor Rodolfo Laise”, explicó.

Actualmente comparte charlas con Lucía Jofré, la esposa de Hugo Fourcade, quien vive al lado de su casa. “Con mi cuñada tomamos mate a la siesta. Cuando estaba volviendo a casa, abrí la puerta de la cocina y se ve que estaba resbaloso, me caí para atrás. Tuvieron que hacerme un electrocardiograma y decidieron ponerme un marcapasos. Desde hace dos meses y pico que lo llevo. Ando para todos lados. Tengo una señora que me acompaña y que me ayuda un poco con las tareas de la casa”, contó doña Elia, que también recibe la visita de sus familiares.

Una mujer que dedicó su vida a transmitirle conocimientos a los demás, quizás la gran lección de vida que hoy brinda con generosidad Doña Elia Fourcade de Petrinovic, es la de la entrega, la de dar amor a los demás sin condiciones.

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