En un minuto, la Selección casi se queda sin nada ante Perú. En un minuto la salvó Martín Palermo.
A los 2 minutos del segundo tiempo, a Maradona le sobraba Palermo en la cancha. Higuaín, al fin, había acertado al arco. ¿Para qué serviría Palermo entonces? Para eso, para salvarlos a todos, otra vez, como siempre.
El miedo ata y cuando no hay convicciones para el juego, uno se asusta y va para atrás. A aguantar, a hacer lo que se pueda, que hay mucho en juego. Y sin la pelota y cada vez más atrás rogándole al reloj que se apure, que llueve y se vienen los peruanos. Y se vienen tanto que ya están aquí, rodeando a Romero. Y hay tanto miedo que hasta Mascherano, el que no se equivoca nunca, se equivoca cuando falta un minuto. Es 1-1. Es un desastre.
Hace 29 años, de tarde, con barro y frío, pero en el otro arco, apareció un general llamado Passarella y después un Gareca. Anoche, cuando el agua caía a baldazos y sólo quedaba la vergüenza, los argentinos fueron a buscar la última palabra que quedaba en el diccionario táctico de Maradona: milagro. Y el milagro llegó. Por Palermo, como tantas otras veces en Boca. ¿Quién si no?
El Animal del Gol estaba ahí y los salvó a todos. A sus compañeros, a Maradona, a Bilardo que vivió un deja vú. Era para ponerse a llorar, claro. Por lo que pasó en ese minuto final. Pero, también, por todo lo que había pasado antes y obligó a recurrir al milagro, al azar, al "lo atamo' con alambre" que se hizo costumbre. Ganó Argentina, al fin de cuentas. Y la cuenta dice que puede haber clasificación directa, repechaje o eliminación. Y tal vez se necesite otro milagro. ¿Será posible?

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