Prefieren no gastar ni perder tiempo. También se quejan del tránsito
El mal servicio de Indalo, los elevados precios que demanda movilizarse en taxis o remises de un punto de la ciudad a otro, la imposibilidad de estacionar en el área centro y la pérdida de tiempo que genera esperar el paso del colectivo en ciertas paradas hicieron que muchos neuquinos dijeran basta, se cansaran de los problemas y opten por ir a sus trabajos y a la universidad en bicicletas o, en el peor de los casos, caminando.
Si bien esta situación no es nueva, sí empieza a visualizarse con más frecuencia, a tal punto que hay quienes ya promocionan a través de las redes sociales dejar de utilizar ciertos medios de transporte, principalmente como medida de protesta. “Me compré una bicicleta porque sacando cuentas para mí es más económico, pero además me ahorro todos los perjuicios extra por depender de Indalo”, dijo Jorge Urriola, quien además comentó que en su lugar de trabajo son varias las personas que decidieron no depender más de la tarjeta Monedero. Es más, hay quienes antes se encontraban en las paradas y desde hace un tiempo comparten las calles neuquinas pedaleando hasta sus escritorios.
“El transporte público es un monopolio que funciona mal, por eso voy todos los días a trabajar en bicicleta o caminando”, expresó Eduardo Hevia, quien agregó que viajar en Indalo es trasladarse “como ganado” y que no está de acuerdo con pagar un boleto muy caro ni perder tiempo.
“Voy en bicicleta y tardo lo mismo, gano en salud y no gasto”, dijo y afirmó que si el 20% de los que usan Indalo se pusieran de acuerdo para usar métodos alternativos, la tarifa bajaría. Según él, sucedería porque “las ganancias tendrían una importante disminución y la empresa no se solventaría”. El caso de María Angélica no es muy distinto. Cuenta que durante los últimos dos años padeció viajar en colectivo. Un día decidió sacar cuentas y comprobó que ahorrarse el gasto que le implicaba, le permitiría pagar la cuota de una moto. “Gané en todo sentido, en calidad, en tiempo y ya no discuto con nadie”, dijo y acotó: “Todos somos rehenes del mal servicio”. También marcó como una barrera la imposibilidad de trasladarse de un barrio al centro en un vehículo por la falta de espacio para estacionar o los elevados costos en los estacionamientos.
Lo cierto es que día a día mucha gente sigue viajando en micro o en su auto, pero también hay quienes ya tomaron la decisión de ganar tiempo e ir a sus trabajos en bici o, en el peor de los casos, caminando. Una costumbre que de a poco gana adeptos y crece, en especial a modo de protesta contra las falencias del sistema público de pasajeros y el tránsito en la principal capital de la Patagonia.
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