Los vecinos de Los Zazos están a punto de terminar un viaducto, con el que esperan dejar en el olvido los veranos de lluvias y aislamiento.
Las crecientes también suelen dividir a la comunidad. El paraje Fronterita, ubicado de un lado del lecho, permaneció aislado durante unos 20 días el verano pasado. El problema no sorprendió a nadie, porque se repite casi todos los eneros y febreros. Los habitantes de la zona afirman que los numerosos pedidos que elevaron a las autoridades comunales para que hagan construir un puente peatonal se perdieron en el olvido.
"Pasaron años de reclamos y los funcionarios siempre nos contestaron que la obra estaba en gestión, que ya iba a hacerse. Pero soportamos crecientes sin que el puente apareciera", denunció Fernando Valero.
La decisión
Hartos de las promesas incumplidas y de la repetición anual de los padecimientos, los vecinos finalmente decidieron poner manos a la obra: los pobladores de ambas márgenes del río comenzaron a construir el puente con el que siempre soñaron.
La movilización vecinal estuvo organizada por Marcelo Nieva, joven oriundo del lugar que, luego de varios años de vivir en Ushuaia regresó al pueblo a visitar a sus parientes. Una cirugía imprevista lo demoró en el lugar y se vio obligado a revivir los padecimientos que causan las crecientes. "En el último verano vi cómo los ancianos debían esperar durante horas a que el agua bajara para cruzar el río y llegar al médico en Amaicha. Incluso hubo gente que debió esperar más de una semana para pasar", recordó.
"En otra creciente observé a una mujer embarazada agarrarse a un enorme árbol que había caído al río y que había quedado atravesado. Cruzó de esa manera, y eso que el agua le llegaba hasta un poco más arriba de la cintura. Necesitaba ir al médico. Sin dudas, arriesgó su vida", añadió. Hace tres meses los vecinos tomaron la decisión de construir ellos mismos el puente y, para lograrlo, formaron una comisión, encabezada por Nieva.
Los fondos
El primer desafío fue reunir los fondos necesarios y diseñar el proyecto de la obra. El ingeniero Joao Jiménez y el encargado del campamento de Vialidad Provincial en Amaicha, Américo "Willie"Aranda, les brindaron asistencia técnica. El emprendimiento no resultó sencillo. Sin embargo, el entusiasmo rápidamente fue derribando las dificultades. "Comenzamos a organizar bingos con premios que consistían en lechones, cabras, dulces y hasta verduras donadas por los propios vecinos. También hicimos bailes y reuniones folclóricas. En poco tiempo ya teníamos el dinero para comenzar los trabajos", relató Marcelo. La comunidad de originarios de Amaicha también hizo contribuciones con materiales. La mano de obra no fue un problema: la mayoría de los hombres del pueblo se ofrecieron como voluntarios para hacer los trabajos. "Desde hace dos meses aquí se labura hasta los domingos. Incluso, ese es el día que más voluntarios tenemos, porque durante el resto de la semana la mayoría tiene compromisos laborales en campos o en la administración pública. Se trabaja con ganas, porque es algo que nos va a beneficiar a todos", enfatizó Miguel Fabián.
Nieva reconoció que, al principio, muchos vecinos no estaban convencidos de sumarse al proyecto. "Ya se había formado una comisión que había fracasado en el mismo intento. Entonces, teníamos que demostrar que ahora era posible. A medida que veían que los trabajos avanzaban, los escépticos comenzaron a sumarse", explicó.
La obra del puente peatonal está avanzada en un 80%. Sus constructores pretenden inaugurarlo a fin de mes. Posee una extensión de 24 metros; lo sostienen cuatro columnas de cemento de 1,20 metro de ancho por 2,60 de alto. Los cimientos de cada una de ellas están enterrados a tres metros de profundidad. Al principio, los pozos fueron hechos a fuerza de pico y pala. Pero luego fue necesario utilizar una retroexcavadora (cedida por Vialidad), debido a las enormes rocas.
El piso del puente estará hecho con rieles, chapones y poseerá barandas laterales. En ambos extremos se están construyendo rampas de ascenso, cuyo diseño está adaptado a las necesidades de los discapacitados. El costo del puente está estimado en un poco más de $120.000 (esos sí: el hecho de que la mano de obra y la asistencia técnica sean voluntarias redujo el presupuesto).
Las mujeres también hicieron su aporte: además de colaborar en la organización de las recaudaciones de fondos, son las encargadas de cocinar todos los días para los trabajadores. "Esto demuestra que cuando la gente se une, todo es posible. Y que cuando las autoridades no cumplen con las obligaciones para las que fueron elegidas hay que reaccionar y demostrarles que el pueblo puede hacer lo que ellos no son capaces de lograr", recalcó Nieva.
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