Por: Fabián Bosoer¿En qué se parecen Obama, Fidel y la filósofa Hannah Arendt aquí y ahora, en el cruce histórico en el que nos encontramos en este flamante 2009? Desde momentos, posiciones y formaciones diferentes, los tres pensaron el significado de las revoluciones contemporáneas, las condiciones en que éstas ocurren, las dificultades que presentan, la facilidad con la que se pueden perder, una vez que ocurren verdaderamente, sus promesas e ideales originarios.
El otro, empieza el camino y propone el reencuentro con los valores que dieron a luz a la revolución americana; opacados por el papel que cumplieron los EE.UU. en sus intervenciones armadas y apoyos a regímenes que nada tenían que ver con aquellos valores.
La tercera, esta brillante y siempre vigente pensadora alemana del siglo XX, enseñó que liberación y libertad no son la misma cosa; que la liberación puede ser condición de la libertad pero de ningún modo conduce directamente a ella. Y escribió palabras que parecen dedicadas a este momento augural de cambio, recordando que los EE.UU. vinieron al mundo no en virtud de una necesidad histórica o de un desarrollo orgánico sino como consecuencia de un acto deliberado, de una revolución que se tradujo en fundación y promesa de la libertad.
El hecho de no haber sabido incorporar la Revolución norteamericana a la tradición revolucionaria de todo el Nuevo Mundo, escribió Arendt, se ha vuelto como un búmeran contra la política exterior de los EE.UU., que pagaron de este modo un precio exorbitante por la ignorancia de los demás y por su propio olvido. Obama parece recoger esa idea. Veremos cómo se las ingeniará para llevarla a cabo.
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