Entre dudas y algún que otro contratiempo, el nuevo sistema parece haber superado la prueba piloto
Aunque se habló largo y tendido de la tan mentada boletita -que en rigor era bastante más grande de lo que se pensaba, tanto que un locutor con aire de poeta la graficó como una “especie de mantelito individual”-. Decía que aunque mucho se habló y se escribió sobre ella, la boleta única no dejó de ser una sorpresa para más de un desprevenido que esperaba encontrarse con la clásica mesa de ofertas electorales, y una complicación para los punteros políticos que esta vez debieron abstenerse de la “vieja y querida” costumbre de deslizar por anticipado el voto en la cartera de la dama y en el bolsillo del caballero “convenientementes aleccionados”.
Claro que el avance cívico -si lo hubo, y creemos que sí- no alcanzó a desbaratar prácticas ancestrales como las de los taxis y remises contratados para traccionar votantes del propio rebaño.
Por todos los barrios de la ciudad se hicieron presentes los “tachos” identificados en letras de molde con las iniciales de quien resultaría ganador “DLS”. Por si las moscas y para asegurar el bochazo, en cada taxi había un apuntador sentado en el asiento de adelante que explicaba con aires docentes la mejor manera de ubicar el tilde o la crucecita tan preciadas.
La “changuita” -confiaron en voz baja- les redituó entre 400 y 500 pesos el día para los taxis y remises y 600 para las trafics.
Oscuro, pero transitado
La boleta única le cambió el escenario al votante cordobés. Un par de cajas abiertas y desplegadas a modo de biombo eran la única barrera que aseguraban algo de privacidad en un cuarto oscuro que, en esta ocasión, lució más poblado que de costumbre pues, a la inesperada presencia de las autoridades de mesa, se le sumó la de otros electores. AlProxy-Connection: keep-alive Cache-Control: max-age=0 enos así sucedió en varias escuelas de Río Cuarto, donde dos personas ingresaban al mismo tiempo a una misma aula.
Así, los votantes indecisos imaginaban los ojos escrutadores e impacientes de las autoridades de mesa que no se explicaban como “el señor del biombo de la derecha” se demoraba siglos, mientras en el biombo de la izquierda los votantes más esclarecidos circulaban a velocidad crucero.
Este cronista, enredado en un par de “cortes” de boleta, sintió en carne propia esa presión y, varias horas después de consumado el acto, sigue albergando dudas sobre la identidad del legislador departamental que acabó eligiendo. La presencia simultánea de votantes en los cuartos oscuros también generó equívocos como el que se dio en una escuela de barrio Alberdi donde una mujer era buscada intensamente por la policía porque se había llevado el DNI de la votante parapetada en el biombo de al lado. No pasó de ser un contratiempo: pronto ubicaron a la despistada mujer y pudo intercambiar su documentación con su vecina de cuarto. Otro votante de una escuela de barrio Brasca se olvidó el bolso junto al biombo y, previo permiso, volvió sobre sus pasos a recuperarlo en el mismo momento en que otro señor se encontraba “in fraganti” en el cuarto.
Donde no hubo chances de que se generaran superposiciones de votantes fue en la Escuela Vélez Sarsfield. Allí, la máxima autoridad electoral hizo caso omiso a las nuevas directivas, colocó a los fiscales de mesa en los pasillos y dejó en soledad a los votantes en el cuarto oscuro. Eso sí, puntilloso al fin, dejó colocados los dos biombos de cartón en los rincones del aula. Como cada votante entraba de a uno, las cajas no tenían ninguna utilidad y más bien eran parte de un decorado de dudoso gusto.
Para evaluar el impacto de la boleta única en el electorado, el Tribunal Superior de Justicia contrató a estudiantes de ciencias políticas de la Universidad Católica que estuvieron destinadas en las principales localidades de la provincia. Una de ellas llegó a Río Cuarto pertrechada con un minucioso cuestionario y, con amabilidad, abordaba a los votantes en la puerta del cuarto. Observadores internacionales de la OEA también siguieron con atención los comicios vernáculos.
Sólo el tiempo dirá si el nuevo sistema llegó para quedarse o fue un globo de ensayo destinado a tener corta vida.
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