La Cámara Sexta condenó a un joven a 11 años de prisión por matar a un supuesto ladrón.
Un joven, que resolvió hacer “justicia por mano propia” a un supuesto ladrón que le había robado un televisor a su hermana, fue condenado ayer a 11 años de prisión.
El juicio con jurados populares se ventiló en la Cámara Sexta del Crimen contra Rodrigo Emanuel Martínez (23), que había llegado como presunto autor del delito de “homicidio calificado por alevosía”.
Sin embargo, el fiscal Marcelo Altamirano cambió la carátula por el delito de “homicidio agravado por el uso de arma de fuego” y reclamó 14 años de prisión para el autor de la muerte de Luis Cuello, un exconvicto que hacía un tiempo había recuperado su libertad.
El “Bebe” Martínez, antes de escuchar el fallo resuelto por el tribunal presidido por la doctora Adriana Carranza Torres, pidió una vez más perdón a su familia en medio de un tenso final.
Es que el muchacho, quizás cansado por la situación que se vivía en barrio Villa Martínez y conociendo quien podría ser el autor, tomó la decisión que no sólo le cambió la vida a él, hoy ya en Bouwer, sino a toda su familia que a partir de esa noche del 25 de agosto de 2013 comenzó a vivir una verdadera pesadilla.
Una muerte que cambió todo
Durante el juicio, además de establecer que el acusado en medio de una cena salió decidido a buscar a la víctima para recuperar el televisor robado (un LCD de 32 pulgadas), se conocieron detalles de lo que debió vivir la familia de Martínez que meses después se mudó ante el asedio constante de los familiares y allegados de Cuello.
Según la instrucción, Martínez habría abordado a la víctima, un ex convicto que semanas antes había salido de purgar una pena en la cárcel de Cruz del Eje, en la avenida Santa Ana, cerca de la esquina con la calle Quintuco. Allí le habría efectuado los disparos con un revólver calibre 32, uno de los que le impactó de llenó en la espalda de la víctima. El primero había pegado en el asiento de la moto.
El condenado, en todo momento, en su defensa adujo que tenía la intención de asustarlo.
Sin embargo, la tarde de ese 25 de agosto, Cuello y Martínez se habían cruzado en otra calle, y el segundo le había reclamado que le devolviera el televisor robado a su hermana, e incluso había existido una discusión. En la misma había intervenido la hermana de Martínez, que tiempo atrás había mantenido una amistad con Cuello, que no habría terminado bien.
Durante el juicio con jurados populares la chica, considerada un testimonio trascendente, no pudo declarar ya que se descompusó al recordar lo ocurrido por esos días.
Violencia sin freno
Fue la madre de Martínez, la que recordó durante otra audiencia del debate qué al enterarse del desgraciado episodio que tenía a su hijo como autor, le dijo a su hija que se refugiara en la casa de una vecina.
En tanto, familiares y allegados de Cuello -una familia “pesada” de ese sector de la ciudad- llegaron a la vivienda de Martínez y comenzaron a apedrear y saquear la vivienda. Incluso prendieron fuego a dos automóviles que se encontraban frente al domicilio, y que eran utilizados como remises en el barrio.
Pero la escalada de violencia contra los Martínez no quedó ahí.
En otra oportunidad, contó la mujer, un familiar de la víctima ingresó a robar en el comercio de su marido y amenazó de muerte a éste. Mientras que un hermano del condenado recibió un disparo de arma de fuego en otro confuso episodio.
La dantesca situación derivó en que la familia resolviera mudarse del barrio Villa Martínez, al tiempo que denunciaron cada uno de los hechos, de los que nunca se registró detención alguna.
El juicio, ahora, se constituyó en el colorario del robo de un televisor que costó demasiado caro, tal el precio de la libertad.
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